EFEMÉRIDES
En un sistema solar distante y desconocido, el Sector A4 de la nave funciona como una oficina cualquiera: un equipo dedicado a investigaciones en herbología, atrapado entre burocracias y jerarquías, cumple una misión insólita: transportar un morrón a la sede de la corporación que los contrata.
En paralelo, dos rescatistas de vegetales que sobreviven comiendo las cebollas salvadas en su última misión, planean infiltrarse para liberarlo. Entre tensiones amorosas y debates existenciales, el destino de este crucial vegetal queda en manos de personajes que no terminan de comprender su importancia.
Efemérides fue estrenada el 9 de mayo de 2026 en el Teatro Victoria, tuvo un prestreno en noviembre del 2025 en el Teatro Circular.
Su elenco:
SOLANGE DORADO: Gimena "Pelu" González
AVILDA PUENTES: Sofía Nuñez Rubianes
GUILLERMINA PUENTES: Eugenia Bideau
EDGARTO MONAPETUCHI: Miguel Bilaboniga
DANIEL ZANS: Camilo Ripoll
ECLODORO MUÑOZ: Mauricio Delgado
F. FONSI: Martín Maristán Aguilar
El equipo:
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Rosalía Sempol
DISEÑO DE VESTUARIO: Paula Betancor
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Santiago Barreiro
DISEÑO GRÁFICO: Agustín Luque
PRENSA: Milena Santos
PRODUCCIÓN: Milena Santos y Agustín Luque
DIRECCIÓN: Agustín Luque
*Una creación de Eviterno teatra.
En un sistema solar distante y desconocido
Dos miembros de las topas de la M.L.A. —rescatistas de plantas—, luego de vagar durante meses por el espacio —comiendo no más que las cebollas rescatadas en su última misión—, asechan a telescopio la nave de la Corporación A.P.A. que —dedicada a la investigación en herbología— transporta un extraño pimiento a cargo del Sector A4.
Personal de la Organización A.P.A.
Solange Dorado. Jefa Administrativa del Sector A4.
Avilda Puentes. Licenciada en Herbología.
Guillermina Puentes. Agente recolector de especímenes.
Edgarto Monapetuchi. Auxiliar Administrativo.
Daniel Zans. Interino en el Sector A3.
Tropa de la M.L.A.
Eclodoro Muñoz. Rescatista de vegetales, perfil matón.
F. Fonsi. Rescatista de vegetales, perfil mente maestra.
PRIMER ACTO: UN DÍA CUALQUIERA
1. REPORTE [Sector A4 de la nave]
Guillermina Puentes sale disparada a esconderse debajo del escritorio de la hermana.
Solange Dorado. Pero ¿quién te creés que sos? A mí, chiquita, no, ¿eh? La estufa no me la intentás sacar, que, aunque no parezca, seré un sol, pero calor sola no doy.
Guillermina Puentes. Pero es la estufa del Sector, Solange. Es de todas.
Solange Dorado. No me hagás pucheros. Podré parecerte indiscutidamente radiante, magníficamente voluptuosa, esplendorosa, majestuosa, magnífica/
Avilda Puentes. Dijiste dos veces magnífica, Solange, bajá un cambio, ¿tan magnífica?
Solange Dorado. No, chiquita. Primeramente, dije: magníficamente voluptuosa, y a continuación solté un magnífica a secas. Podría haber dicho magníficamente magnífica porque dudo que una redundancia pueda bailarme cual anillo planetario como te bailaría a vos, pero no lo hice. Dejame decirte una cosita, chiquita/
Avilda Puentes. Las cositas chiquitas que quiera, dígame las cositas chiquitas que quiera, que me las iría a decir igual. Hablando de cosas chicas: ¿alguien vio mi microscopio?
Guillermina Puentes. ¿Se te perdió, hermana Puentes?
Solange Dorado. ¿Vos te pensás que yo no me doy cuenta de lo que estás intentando?
Avilda Puentes. Si defiendo a mi hermana lo hago porque con usted todo trata de usted y sus descripciones sumamente redundantes sobre usted misma, sus halagos auto referenciales, sus auto-halagos, su egocentrismo. En serio pienso que lo que dice le resultaría hilarante si tuviera la facultad de verse desde afuera. La vida, Solange Dorado, va muchísimo más allá de demostrar lo brillante que una es. Edgarto, ¿vos lo viste?
Edgarto Monapetuchi. Avilda, no, si no está donde siempre lo tenés… yo, no…
Solange Dorado. El reporte.
Avilda Puentes. Todavía no está corregido, Solange. Necesito el microscopio para comprobar un detalle y lo termino. ¿Vos lo viste?
Solange Dorado. No, tampoco lo vi. Pero apurate.
Avilda Puentes. Si lo encontrara/
Solange Dorado. ¡Ay! En encontrarlo. Apurate en encontrarlo. A este ritmo vamos a llegar a la sede pasado mañana. Necesitamos urgente contar con el reporte del pimiento.
Avilda Puentes. Ni bien aparezca el microscopio, termino el reporte, me levanto y se lo entrego.
Guillermina Puentes. Cuando lo tengas, hermana Puentes, dejame ir a mí, por favor, que hace frío y un instante de estufa cotiza alto cuando una lleva el corazón congelado. ¿Cuántos grados hacen?
Edgarto Monapetuchi. Quince grados marca el termómetro la temperatura.
Avilda Puentes. No hagas dramas. Nadie va a ir hasta su escritorio hasta que no aparezca el microscopio.
Guillermina Puentes. Si no me dejás ir, arrimate vos por lo menos y aprovechá la estufa. Buscalo por ahí. ¿Sabés qué? Lo busco yo.
Avilda Puentes. ¡Guillermina!
2. REZONGO [Archivo del A4]
Solange Dorado. Marca el termómetro la temperatura, me quedé con eso. Pero por favor, Edgarto, alcanza con decir que marca el termómetro. Una ya entiende que los termómetros marcan la temperatura. Alcanza con decir los grados.
Edgarto Monapetuchi. Discúlpeme, Solange. Sabe que estoy/
Solange Dorado. Sí, yo sé, Edgartito, está preocupado por esos destellos de luz que cree ver en el pimiento pero que Avilda no registra porque su microscopio no aparece. Lo que le pasa, Edgarto, es que está aburrido y le da cuerda a la fantasía. El pimiento, no brilla. No echa luz. Solange Dorado, sí echa luz y no lo veo fascinado. Solange Dorado lo sabe todo, mi amor, mi vida. ¿Y sabe lo que recomienda?
Edgarto Monapetuchi. Solip/
Solange Dorado. (La tapa en un ademán de inexistencia.) Solipsismo, soledad, y soli-dari-dad.
Guillermina Puentes. ¡Hipócrita!
Avilda Puentes. Guillermina…
Edgarto Monapetuchi. Le digo que el morrón hace que parpadeen las luces.
Solange Dorado. ¡El morrón! ¿El morrón, Edgarto Monapetuchi? Ese morrón que usted dice no es ningún morrón, es un pimiento. Morrón ninguno. Excede la línea evolucionista y la temporal, y es por eso y no por alguna otra cosa que lo transportamos a la Sede, para que esté al resguardo y sea estudiado como es debido por nuestras operadoras de alta gama que no pierden sus microscopios con su tecnología de punta, no por usted. Lo lamento, pero usted es un auxiliar administrativo, no sé qué es lo que vio, pero no es nuestro trabajo, o por lo menos no es el suyo. Avilda no vio nada, ¿no es así?
Avilda Puentes. Yo también quiero que aparezca el microscopio, Solange. Si apareciera, quizá, algo podría llegar a ver. Pero no, no creo que el pimiento juegue con las luces.
Solange Dorado. Edgarto, ¿usted se piensa que yo tendría a un morrón puesto en un almohadón? ¿Uste está diciendo que yo no comprendo la suma importancia de ese pimiento? ¿Vos te pensás —y sí, lo tuteo— vos en serio te pensás que alguien como yo prepara guisos? Que prepara… ¿qué cosa? ¿Que sofrita? ¿Que hace tuco? ¿Que hace salsa? ¿Que hace pizza?
Edgarto Monapetuchi. No, Solange.
Solange Dorado. No Solange Dorado.
Edgarto Monapetuchi. No, Solange Dorado. ¿Cómo voy a pensarme eso de usted?
Solange Dorado. Entonces déjese de jorobar.
1. NOSTALGIA [Invernadero del A4]
Guillermina Puentes. ¡Ay con este frío! Cómo me comería un guisito.
Avilda Puentes. ¡Ay! Ni me digás, Guillermina, una salsita…
Guillermina Puentes. Con cebollita bien picadita.
Avilda Puentes. Tan picadita que casi no se la siente.
Guillermina Puentes. ¡Como lo hacía la abuela!
Avilda Puentes. Y mojar el pan…
Las hermanas Puentes. (A las risas.) Repetir…
Guillermina Puentes. ¡Repetir!
Avilda Puentes. Y que el segundo plato venga con esa carne.
Las hermanas Puentes. Tierna.
Guillermina Puentes. ¿Te acordás cómo se cortaba sola?
Avilda Puentes. ¿Cómo no me voy a acordar, nena? Vos te engullías todo el primer plato de golpe únicamente porque querías manducarte la carnecita de la abuela. No te gustaban los ravioles a vos, ahora ya lo podemos decir, admitilo.
Guillermina Puentes. (Pícara.) No. No me gustaban a mí.
Avilda Puentes. No te gustaban.
Guillermina Puentes. Bueno, no me gustaban. (Atajándose.) Pero no porque fueran los de la abuela. No me gustan los ravioles de la abuela.
Avilda Puentes. ¿No te gustaban los rabioles de la abuela? Pensé que no te gustaban los ravioles en general.
Guillermina puentes. No, no me gustan los rabioles en general.
Edgarto Monapetuchi. Ah, ¿no te gustan los ravioles en general?
Guillermina Puentes. No…
Avilda Puentes. Al día de hoy. No los puede ni ver.
Guillermina Puentes. Los de verdura por lo menos.
Avilda Puentes. ¿No era raro que la carne viniera siempre en el segundo plato? (A Edgarto.) Para acceder a la carne te tenías que terminar el primero. Una cosa rarísima, ¿por qué sería?
Guillermina Puentes. No sé.
4. TRADICIÓN [Archivo del A4]
Edgarto Monapetuchi. Y serían las costumbres familiares, ¿no? Las famosas tradiciones que se dicen.
Guillermina Puentes. (Codeando a la hermana.) ¿Qué comían en tu casa, Edgarto?
Edgarto Monapetuchi. ¿Los domingos?
Las hermanas Puentes. (Entusiasmadas a las risas.) ¡Sí!
Guillermina Puentes. Dale, Edgarto, contá.
Avilda Puentes. (Incitándolo emocionada.) Cuente, Edgarto, cuente.
Edgarto Monapetuchi. Y, en casa se comían únicamente tallarines, toditos los domingos.
Avilda Puentes. ¿Los hacía su abuela?
Edgarto Monapetuchi. Los hacía mi abuela, cómo no. (Como si revelara un sacrilegio, sagrado y divino.) ¡Eran caseros! Mi abuela y mi tía cortaban masa toda la mañana. Era aquello una romería, tías, tíos, tíos abuelos, tías abuelas, lejanas, distantes, terceras o segundas en los círculos sanguíneos, con primos, primos segundos. Mi bisabuela ―ya viejita la pobre―, era divina, gestionaba todo como una orquesta. Yo no sé cómo hacía. Yo no podría.
Solange Dorado. (Sin levantar la vista del papeleo.) Y no.
Avilda Puentes. Ay, Edgarto, me emociona numerando familiares así.
Edgarto Monapetuchi. (Riendo tímidamente.) ¡Era así! Ustedes porque son jóvenes.
Guillermina Puentes. Jóvenes nos dice, hermana. Mirá que atrevido que eras, Edgarto después de todo.
Avilda Puentes. Edgarto, usted tiene que saber que nuestra abuela también hacia la pasta casera. No es eso algo exclusivo de su generación. En todo caso nuestra generación fue la bisagra entre los domingos de pasta con tuco y los domingos de almorzar en la contemplación asidua a un aparato. Pero no importa, Edgarto, no nos salgamos de lo que interesa.
Guillermina Puentes. Sí, Edgarto, contanos, ¿cómo eran los tallarines?
Edgarto Monapetuchi. Eran largos.
Guillermina Puentes. Pero ¿erar ricos?
Edgarto Monapetuchi. ¡Eran riquísimos! Riquísimos, Guillermina, exquisitos. Y la salsa no era como la de ustedes, mi abuela le ponía carne entreverada, metía chorizo, metía pollo, era un entrevero aquello, ¡pero qué exquisitez! «El manjar de los manjares» decía mi viejo, imaginate, él nunca decía nada.
Avilda Puentes. Es que nuestra abuela cocinaba para nuestro abuelo. El viejo no podía sentir la cebolla, no la toleraba. Entonces la abuela lo consentía, la picaba que no se sabe cómo hacía, no se sentía.
Guillermina Puentes. Pero tenía ese gustito.
Edgarto Monapetuchi. Claro… no, no. Mi abuela le ponía los socotrocos, una salsa así/
Solange Dorado. Bien bruta.
Edgarto Monapetuchi. (Que sigue entusiasmado.) Claro, bien bruta, sí. (Cayendo en la cuenta.) Bueno, no sé si diría bruta, era lo que se acostumbraba, Solange. Vio como son las familias… cada cual…
Solange Dorado. Sí, hace de su agujero un túnel.
Edgarto Monapetuchi. Qué rico un tuquito.
5. RESPETO [Escritorio de Solange]
Solange Dorado. Ustedes no tienen respeto por nada.
Guillermina Puentes. ¡Vos no tenés respeto por nada! Por la nostalgia, por la familia, por nada. Mirá, me tenés podrida.
Avilda Puentes. Guillermina, te comportás.
Guillermina Puentes. Pero ella no tiene respeto por nada. Estábamos conversando tranquilamente y agrede.
Solange Dorado. ¿Agredo?
Avilda Puentes. Vos sabés cómo es y cómo se pone.
Solange Dorado. ¿Cómo me pongo? ¿Cómo me-pongo? ¿Qué querés decir con eso, chiquita?
Avilda Puentes. Bueno Solange, usted sabe cómo se pone.
Solange Dorado. No, no sé cómo me pongo, ¿Cómo me pongo?
Guillermina Puentes. (En tono de burla.) ¡Como te estás poniendo ahora!
Avilda Puentes. ¡Guillermina!
Solange Dorado. Yo no lo puedo comprender. Me esfuerzo, de verdad que sí, soy solidaria, pero no puedo. Poner ¿po-ner? De verdad que no lo entiendo. Ustedes son tan malas conmigo, me tratan como gallina. No, discúlpame (A Guillermina Puentes.), vos, chiquita, no. Es tu hermana la que me busca y la que te hace ser así.
Avilda Puentes. ¿Yo?
Solange Dorado. ¿Ves alguna otra producción que haya hecho el veterano Puentes?
Avilda Puentes. Sos ordinaria vos.
Solange Dorado. Vos sos una ordinaria. Brava sos. Sos terrible, ¡tremenda! (Tira algo desde el escritorio.) ¡Mirá! Mi espejo, no lo puedo creer, no lo puedo creer.
Avilda Puentes. ¿Tu espejo? No me vas a decir que sos supersticiosa ahora.
Solange Dorado. Este espejo, estimada, era el espejo de mi abuela.
Edgarto Monapetuchi. (Irónico.) Si vos tuviste abuela…
Silencio.
Avilda Puentes. Solange…
Solange Dorado. No, es verdad, yo no tuve abuela. Eso no era un espejo. No sé por qué dije eso, inventé. Discúlpenme, fue un impulso nervioso.
Avilda Puentes. Sabe que Edgarto no quiso decir eso.
Solange Dorado. Monapetuchi dijo lo que tenía que decir y está bien.
Avilda Puentes. Solange…
Solange Dorado. No, es verdad. Yo no tuve abuela. No tuve esos fideos, ni ninguna abuela. Soy implacable, estoy inmaculada de toda promiscuidad que represente la idea y el evento de familia. Impoluta soy.
Guillermina Puentes. ¿Solange?
Solange Dorado. ¿Qué?
Guillermina Puentes. ¿Me prestás la estufa?
Solange Dorado. Acercate, dale.
6. MISIÓN [Orbitando la nave de la A.P.A]
Una navecita sin dispositivo antigravitatorio. Todo flota. F. Fonsi mira por un telescopio.
F. Fonsi. Qué lindo, ¿no?
Eclodoro Muñoz. ¿La gravedad de este asteroide?
F. Fonsi. Poder estar sentados así, la vista, el espacio.
Eclodoro Muñoz. Bueno, ¿y?
F. Fonsi. ¿Qué me decís y como si yo fuera un filántropo cualquiera? ¿Esperás que te de algo…?
Eclodoro Muñoz. Quiero saber si escuchaste algo, Fonsi.
F. Fonsi. Querrás saber si vi algo. Escuchar estoy escuchando lo mismo que vos.
Eclodoro. Ya sé que estás escuchando lo mismo que vos.
F. Fonsi. Que yo.
Eclodoro Muñoz. Sí, que vos.
F. Fonsi. No importa.
Eclodoro Muñoz. ¿Qué cosa?
F. Fonsi. Dije que no importaba.
Eclodoro Muñoz. Te hice una pregunta, respóndela. ¿Y?
F. Fonsi. ¿Vos estás nervioso, Eclodoro? Te estás confundiendo las palabras… ¿qué te pasa?
Eclodoro Muñoz. Tengo hambre, es eso. Me cuesta pensar.
F. Fonsi. ¿Cómo se supone que te responda a la pregunta «¿y?»? Y ¿qué? Tenés que decirme algo, Eclodoro. Si querías saber si vi algo, me preguntás: «¿viste algo?» y ahí yo te digo: «Si, están haciendo esto, están haciendo lo otro». No puedo andar adivinándote la intención del pensamiento.
Eclodoro Muñoz. ¿y? te pregunté, es concreto.
F. Fonsi. Porque contigo si algo hay es intención. ¿Esbozo?, ¿intento? Uno no puede ir por ahí preguntándole al resto ¿y? como esperando que el otro le responda una trascendentalidad.
Eclodoro Muñoz. ¿Tas cagado?
F. Fonsi. ¿Eh?
Eclodoro Muñoz. ¿Tas cagadito?
F. Fonsi. Nuestra misión es compleja, Eclodoro.
Eclodoro Muñoz. ¿Recién te das cuenta? Empezá a acostumbrarte porque el monstruo no va a ceder y un día de estos te vas a morir.
F. Fonsi. Todos nos vamos a morir.
Eclodoro Muñoz. Mejor no abras la boca con ese aliento preponderante a cebolla que desprendés.
F. Fonsi. Que desprendemos. Vos y yo cebolla es lo único que comemos hace tres meses. Quiero que salga bien, ¿sí? Estoy podrido de comer cebolla, va en contra de nuestra ética/
Eclodoro Muñoz. Y será por eso me estoy quedando corto de palabras, me da asco abrir la boca,
Fonsi. ¿Podés decirme si oíste algo?
F. Fonsi. Mirá, es extraordinaria la pregunta. Digo, la pregunta-pregunta, la pregunta seria. Porque es de lo más lógico querer saber y es necesario preguntar. Actitud noble la pregunta si la hay. Pero esperar una respuesta… Todo quién esté en la vuelta, quién esté vivo, algo querrá saber, alguna cosa lo tiene que inquietar. Ahora, para poder vivir tranquilo, Eclodoro, querido, el preguntante tiene la obligación de saber, que respuesta no hay.
Aterrizan. Los objetos caen.
Eleodoro Muñoz. Te pregunté si oías algo, Fonsi, no era tan complicado.
F. Fonsi. Si veía. Me quisiste preguntar si veía, no si oía.
Eclodoro Muñoz. Tenés de adorno el telescopio, dámelo.
F. Fonsi. Por favor, ¡estás trancado! Son binoculares, no los sabés usar. Además, es un ritual.
Eclodoro Muñoz. Es un procedimiento.
F. Fonsi. Lo que sea. Yo miro por los binoculares, vos preparás el plan.
Eclodoro Muñoz. No puedo preparar el plan si no me das los detalles.
F. Fonsi. Ya te di los detalles.
Eclodoro Muñoz. Entonces ¿por qué seguís mirando?
F. Fonsi. Quiero que todo salga acuerdo al plan. No se nos puede escapar un detalle.
Eclodoro Muñoz. No va a haber plan hasta que no me des los detalles.
F. Fonsi. Hace una semana te vengo dando los detalles.
Eclodoro Muñoz. ¿Te da miedo?
F. Fonsi. Ay, Eclodoro.
Eclodoro Muñoz. Te da miedito, Fonsi.
F. Fonsi. Ya te dije que no me da miedo, dejá de repetir que me desconcentrás.
Eclodoro Muñoz. Entonces dejá de escuchar por el telescopio ese y hagamos de una vez lo que tenemos que hacer.
F. Fonsi. No es un telescopio ni estoy escuchando. ¿Entendiste algo de lo que manifesté?
Eleodoro Muñoz. Alguna parte.
F. Fonsi. Alguna parte. ¿Querés saber si escuché algo?
Eleodoro Muñoz. No hay nada que me interese más en el mundo que saber qué fue lo que oíste, por eso te pregunté.
F. Fonsi. ¿Si oía algo? Tu respiración, por ejemplo. Nunca entiendo qué pasa con tu respiración. Es de lo más anormal que alguien respire así. Y te lo digo de buena fe: un tipo como vos, que está en buen estado físico, que hace ejercicio, que come saludable, ¡que no condimenta con sal!
Eleodoro Muñoz. Ahora comer cebolla es saludable.
F. Fonsi. Es un alago general lo que te estoy haciendo, no pienses en los últimos tres meses.
Eleodoro Muñoz. Estaré trancado, estaré trancado, pero eso no es un alago.
F. Fonsi. Dejame terminar si estás trancado.
Eclodoro Muñoz. Me confundí. Es obvio que escuchaste mi respiración solo quiero saber si hay algo que atender, si algo hay que considerar. Eso es lo único sobre lo que tenemos que prestar un mínimo de atención. Qué mierda está pasando en la nave de la A.P.A. con el pimiento.
Eclodoro comienza a ponerse un disfraz.
F. Fonsi. (Mirando por el telescopio.) M. Parecen cotidianos. Sobre lo que dijiste…
Eleodoro Muñoz. ¿Cotidianos como de costumbre?
F. Fonsi. No. No tan así como de costumbre. Diría que, antes, cuando me preguntaste, vivieron un momento de nostalgia seguido de una discusión. ¿Vos creés que yo te estaba robando el tiempo?
Eleodoro Muñoz. ¿Y el lugar?
F. Fonsi. Repleto. Porque en esto que decís de la síntesis…
Eleodoro Muñoz. ¿De cuántas estamos hablando?
F. Fonsi. ¿En lo referido a plantas o personal a bordo? Creo que lo interesante es poderse explayar y ser interrumpido…
Eleodoro Muñoz. En lo referido a las plantas.
F. Fonsi. Muchísimas. Mientras uno habla, el otro se prepara.
Eleodoro Muñoz. ¿Personal?
F. Fonsi. Lo esperado. Y si no me equivoco sugerís que el lenguaje sea exclusivamente pragmático…
Eleodoro Muñoz. ¿Específicamente?
F. Fonsi. (Cuenta murmurando.) Cuatro o cinco.
Eleodoro Muñoz. ¿Hay vista sobre el objetivo?
F. Fonsi. Lo tienen sobre un almohadón.
Eclodoro Muñoz. ¿Sobre un almohadón?
F. Fonsi. ¿Me estás escuchando?
7. GIRASOLES [Invernadero del A4]
Edgarto Monapetuchi atrás de Avilda Puentes, ella riega las plantas.
Edgarto Monapetuchi. Le digo que el morrón prende las luces, Avilda, no me trate de loco, deje la regadera un poco y escúcheme.
Avilda Puentes. ¿Cómo lo voy a tratar de loco yo a usted? El dilema es sencillo, Edgarto: no hay dilema. Estamos flotando en medio de un star system, naufragando en la inmensidad del universo. Luces, luces habrá por todas partes, no entiendo como un morrón le preocuparía. ¿No es una cosa de locos que las estrellas larguen luz? ¿Que sean hornos flotadores carburando, que el gas se les esté acabando, que exploten, que nazcan, que mueran? Si me dijera que ve, a la distancia, chusmeando por un telescopio, no sé, digamos que una epemboronea narista en pleno proceso fotosintético, saldría ya mismo disparada a dar órdenes de aterrizar esta nave en la superficie de donde se pudiese. No me importaría nada. (Muy seria.) Muy seria se lo digo.
Edgarto Monapetuchi. Me quedó claro que estaba seria.
Avilda Puentes. Bien, porque lo estoy. No me importaría nada. El otro día, ¿puede creer? No va que estaba hablando yo con la mismísima Solange Dorado, y ¿qué me viene a decir la muy agraciada?
Edgarto Monapetuchi. No sé, Avilda, ¿qué le dijo?
Avilda Puentes. Exactamente. Me dijo: «nunca te olvides que los girasoles nunca dejan de girar». (Tentada.) ¡Que nunca dejan de girar! Y estas cosas una, como Licenciada en Herbología, las sabe, los girasoles son plantas anuales. Pero me fui a fijar, no quería desconfiar yo de un dicho de nuestra Administradora de Recursos Humanos. Así que busqué.
Edgarto Monapetuchi. ¿Y qué encontró, Avilda? Dígame ya, estoy interesadísimo en saber de girasoles y de ninguna manera sigo preocupado por el morrón.
Avilda Puentes. Refresqué la memoria con el conocimiento de que, no solo son anuales, sino que, en etapa ya madura, los girasoles ni siquiera se mueven, quedan mirando al oeste, ¿puede creer?
Edgarto Monapetuchi. Muy específico: el oeste.
Avilda Puentes. Entonces usted me dirá: «¿qué fue lo que le dijo Solange Dorado al respecto? ¿Cuál fue la cara que puso cuando le fue a anular su metáfora?» Qué digo a anular, a derramar, a destruir. «¿Cómo será que hará Solange Dorado para reponerse después de una aberración tan impresionante contra los girasoles?».
Edgarto Monapetuchi. En realidad, me preguntaba cómo es que los girasoles saben para dónde queda el oeste.
Avilda Puentes. Y lo cierto es que todavía no le conté. No sé si sea necesario. Pero cuando la miro me entra una gracia, Edgarto, hasta me tiento.
Edgarto Monapetuchi. Será que tienen un mecanismo de enredo, como si giraran varias veces sobre su propio eje, y, sin excepciones, siempre terminan a causa de esto mirando al oeste.
Avilda Puentes. Me pregunto si sea necesario, a lo mejor sí.
Edgarto Monapetuchi. ¿O será que más bien, están programadas para mirar al oeste?
Avilda Puentes. Me fascinaría ver la cara que ponga.
Edgarto Monapetuchi. Será que tienen conocimientos de brújula.
Avilda Puentes. ¡Lo que me dice!
Edgarto Monapetuchi. Una brújula genética metida justamente entre las escamas tridentinas de su receptáculo.
Avilda Puentes. Y asimismo pienso que Solange Dorado/
Edgarto Monapetuchi. Si bien es muy improbable que reaccione naturalmente de esa manera/
Avilda Puentes. Se iría a procesar la información/
Edgarto Monapetuchi. Es improbable que eso sea algo posible de apreciar/
Avilda Puentes. No es necesario estudiarla/
Edgarto Monapetuchi. Porque, ¿quién sabe dónde queda el oeste para los girasoles?/
Avilda Puentes. Si la espiara nos enteraríamos de qué es lo que hace/
Edgarto Monapetuchi. Hacia dónde mira/
Avilda Puentes. Pero es algo que se puede suponer.
Edgarto Monapetuchi. Es algo que realmente no importa, claro, igual, podría decirme, si es que usted sabe, ¿cómo es que los girasoles saben para dónde queda el oeste?
Avilda Puentes. En la Tierra, Edgarto, por el oeste se pone el sol.
Edgarto Monapetuchi. Pero estamos en el medio del espacio.
Avilda Puentes. Justamente, Edgarto, Solange solo está repitiendo información.
Edgarto Monapetuchi. Pero fue usted la que dijo del oeste.
Guillermina Puentes sale de abajo del escritorio de Solange Dorado.
Avilda Puentes. ¡Guillermina!
8. ALARMAS [Sector A4]
Suena la alarma de emergencia, la luz ambiente se violenta.
Guillermina Puentes. Hermana Puentes.
Avilda Puentes. Estuviste todo este tiempo ahí.
Guillermina Puentes. Siempre duermo la siesta abajo de su escritorio.
Avilda Puentes. Bueno. No deberías.
Guillermina Puentes. (Reclamando.) Siempre lo hago, queda calentito.
Solange Dorado entra al Sector A4 súbitamente, despeinada, desprolija, desalineada. Sostiene una maceta con un girasol. Suspensión.
Solange Dorado. ¿Qué?
Guillermina Puentes. Estaba durmiendo la sies/
Avilda Puentes. Decinos vos, ¿qué pasa?
Solange Dorado. Suena la alarma esta, nunca suena, ¿será algo? Yo estaba analizando estos girasoles, alguien los continúa cambiando de lugar sin motivo aparente. ¿No serás vos, Guillermina? Te dije que no iba a ser posible que te comieras las semillas, así como así. Tendrías que tostarlas, bueno, me imagino/
Edgarto Monapetuchi. ¿Se siente bien, Solange?
Avilda. ¿Solange? ¿Dijo algo de imaginar?
Guillermina Puentes. Hasta que alguien lo dijo.
Solange Dorado. ¿Bien yo? Estoy perfecta, chiquita, solamente me preocupan este tipo de actitudes. Esto es un horror, miren cómo tenemos el Sector, y a alguien como si fuese una picardía se le antoja cambiar los girasoles de lugar. Y vos que no terminás más ese informe y no paran de reclamarme del A3…
Entra Daniel Zans.
Daniel Zans. Parece que fue un incidente menor. Enseguida apagan las alarmas y vuelve la luz. (Bromeando.) Bueno chicas, —chicas y Edgarto—, no se alarmen. Parece que el Inspector Grimpin salió de paseo por el Cono, ¡y no va y se encuentra con nuestra navecita! Dice que había escuchado de nuestro hallazgo y quería pasar a felicitar. Ahora mismo está conversando con la Capitana, dice Dankin que le abrieron el A2 porque parece andaba un poco congestionado y pidió algo de comer calentito. Está de vivo. Dice que llegó con un hedor… insoportable. Como a cebolla, parece. Y para peor —agárrense porque es de no creer— no va que se olvida de situar la tarjeta identificatoria sobre el dispositivo reconocedor magnético. Nada grave, ya sé, es de esperarse que alguien con su personalidad y su cargo acostumbre a ir despreocupado. La falta de costumbre. Pero Dankin dice que la Capitana le ofrece una cama por pura hospitalidad y el tipo va y la acepta. ¡Y encima viene con asistente incluido! Quieren mirar todo, ya lo cruzó a Dankin y le dijo y Dankin cómo es, fue a hablarle directamente del morrón, así que…
Solange Dorado. ¿Cómo que viene a quedarse a dormir? Eso no tiene ningún sentido. Fijate que es un Inspector, un tipo supuesto a ser serio.
Avilda Puentes. Ningún morrón, Daniel, el morrón es un pimiento.
Solange Dorado. (Acomodando los girasoles.) Morrón, pimiento, lo que sea, Grimpin no puede ver esto, le daría un patatús al pobre hombre. ¿Qué avances hicimos? Edgarto, ni se le ocurra hablarle de las luces.
Avilda Puentes. No es tan así, Dorado, este lugar está impecable. Guillermina, ¿por qué no traés una escoba?
Daniel Zans. Hasta barren las Puentes, son perfectitas.
Solange Dorado. No seas asqueroso, Daniel.
Guillermina Puentes. ¿Dónde quedó la escoba?
Daniel Zans. Podés usar la del 3A, pedísela a Dankin, si no la ves está en un rincón.
Guillermina Puentes. ¿Qué hace Dankin en un rincón?
Daniel Zans. Es viva tu hermana, ¿eh?
Edgarto Monapetuchi. Las plantas están regadas.
Guillermina Puentes. (Yéndose a buscar la escoba.) Sí, mi hermana hizo montones de averiguaciones. Vamos a estar bien.
Edgarto Monapetuchi. (Corroborando desesperado, buscando entre el archivo.) Puedo corroborar. Están transcriptas y acomodadas como corresponde.
Dejan de sonar las alarmas. Se enciente la luz preventiva.
Solange Dorado. ¿Averiguaciones?
Avilda Puentes. Averiguaciones, sí.
Solange Dorado. ¿Qué tipo de averiguaciones? Nunca se puede saber si alcanzan las averiguaciones.
Avilda Puentes. Averiguaciones como que la membrana oprobiótica del polo suroeste del Nuevo Plutón se está cristalizando como supuse en mí hipótesis. En el interín de un milenio, pasaran cosas estrafalarias que debemos observar. Las setas, los especímenes, como nuestro pimiento, que tiendan a la ruegania y de ella se alimenten, podrían desarrollar esquilones y terminar siendo útiles al riego ectoplariano. Fenómenos que resultan una verdadera belleza. Y, sobre todo, serían de suma utilidad.
Daniel Zans. ¿Ves, belleza? No está todo tan mal. Relájate, tenés un equipo que te respalda.
Avilda Puentes. Debería practicar un poco más la confianza.
Guillermina Puentes. (Que vuelve con la escoba y barre.) Confiá en tu equipo, Solange. Este lugar está brillante, estoy barriendo y ni polvo hay. El Sector A4 tiene todo lo imprescindible para la aprobación del Inspector.
Solange Dorado. No me vengas a decir eso vos a mí, ¡friolenta! Después no te quiero ver calentándote en mi estufa. Y vos, ah, ¡macho!, no quiero que me digas así nunca más.
Daniel Zans. ¿Qué cosa?
Edgarto Monapetuchi. Belleza.
Daniel Zans. ¿Belleza? Pero si es una belleza, Solange. Uno solamente tiene el deseo de colaborar. El Sector A4 es y será siempre un sector de interés para nosotros en el A3. Somos como… su media naranja. Y que no me vaya a escuchar ninguna fotocopiadora, pero en calidad de imprenta, nosotros sin ustedes no existiríamos.
Guillermina Puentes. Qué bueno que lo decís, Daniel Zans. Así es siempre, unas dependemos de otras. Las personas de las máquinas/
Avilda Puentes. Guillermina, basta.
Daniel Zans. Tiene razón, Avilda. Unos dependemos de otros. Bueno, voy a ver qué pasa con estas luces, ¿sí? (Se va a ver qué pasa con esas luces.) Ahora vuelvo.
Solange Dorado. Vos, no deberías olvidarte de quién dependés.
9. TATUAJES [Sector A4]
A los ventanales.
Guillermina Puentes. Y, así y todo, es eso, dependemos de eso, de la conversación, del diálogo y del confrontamiento. La información tiene que pasar de un lado al otro. Unas sin otras no existimos, ¿Qué estamos haciendo? Estamos hablando, conversando. Mantener un dialogo refiere únicamente al intercambio de opinión, y todo es opinión. No existe una gran verdad y tampoco importa si el Inspector W.O.K. Grimpin nos corrobora, nos alaba, o nos corrige. Lo que importa es que estamos acá, conversando. Que representamos con el vocablo manifestaciones de nuestra conciencia, e inconscientemente, digamos cosas de las que nos arrepentimos. No es lo más normal andar analizando todo lo que una dice, y, aun así, todo el tiempo nos analizamos. ¿Psicólogos? Somos nuestros propios analistas en sistemas, nos cuestionamos la memoria, la existencia, ¿Quién de nosotros no le tiene miedo a la vida? (Vuelve la luz normal del A4.) La muerte, qué dificultoso pensar en el momento en que una se va a morir. ¿Pasará de repente o nos verá una enfermera sufrir, agonizar hasta morir anestesiadas en sabanas frías que por los calmantes no sentimos? Espero que en el hospital tengan estufas, que en mi lecho de muerte tenga yo derecho a un aire acondicionado. A algo que me haga sentir dignamente tecnológica y tecnológicamente viva. Porque enseguida voy a pasar al olvido y ahora, acá, viva, no me importa otra cosa que existir, que reconocer la existencia de diversidades de problemas triviales, sufrir por ellos, vivir para ellos, y después, cuando no importe el después, extasiarme en el sentimiento de plegaria, atentar contra la indiferencia, terminar en dónde sea, por la razón que sea, habiendo ocupado mi tiempo en alarmas espontaneas, en quimeras que no me corresponden. Osculando con la más linda, como se dice. Habiendo vivido.
Avilda Puentes. Tenemos material de sobra para presentarle al Inspector.
Solange Dorado. (Emocionada.) Qué hermoso, Guillermina ¡por favor!
Avilda Puentes. Nunca había hablado tanto de corrido.
Solange Dorado. Esa retórica, esa elocuencia, ese entusiasmo, chiquita. Sé que no corresponde, pero eso que dijiste: me lo quiero tatuar. ¿Te lo acordarías como para repetirlo? Vení sentate ahí y escribirlo.
Guillermina Puentes. ¿Dónde te lo vas a tatuar?
Solange Dorado. En la espalda.
Guillermina Puentes. ¡En la espalda! (Ya sentada.) No creo que me salga igual. Empecé diciendo algo de cómo estamos constantemente, unas con otras en relación de dependencia.
Solange Dorado. (Disponiéndole de bolígrafo y folio A4.) No importa. Lo que importa es el momento, seguro que cuando estemos con el tatuador le vas a poder decir más o menos lo que dijiste ahora. Conozco uno que era motoquero de la pandilla del Dongo López de Haedo, me debe un par de favores.
Guillermina Puentes. (Ya escribiendo.) Me lo voy a acordar.
Solange Dorado. Mas te vale chiquita. Lo que vos dijiste… lo que dijiste fue… grandioso. Tenés razón. ¿Qué me puede importar a mi lo que diga W.O.K. Grimpin? Es alguien más, como nosotras. Alguien que piensa y siente trivialidades. Que dice verdades que son sus verdades y que llora si puede y si no puede llorará cuando la existencia lo sorprenda. Hay que tener paciencia con esas cosas, chiquita, el monstruo nos pasa por encima y vivimos en él y para él. Me refiero al mundo. No tenemos nada que probar, todo es opinión, bien dijiste, todo es ganancial en sentido de que no hay actitud, de que no hay gesto que no habilite la aparición del siguiente. Esta consecuencia de pasos que es la vida nos ofrece una única salida de la que corremos, pero que no importa, que ya no importa y que nunca importó ni importará. Ay, chiquita, es todo tan trivial, tan esplendorosamente trivial…
Guillermina Puentes. ¿Puedo tatuarme eso que dijiste?
Solange Dorado. (Disponiéndose a escribir.) Me emocionás.
Avilda Puentes. (A la hermana.) ¿Vos le estás tomando el pelo?
Guillermina Puentes. ¿Cómo iría a tomarle el pelo? Lo que dice, lo que decimos, ¡es así! Nunca tuve un objetivo de vida, pero ahora, si tuviera que inclinarme a uno, sería poder vivir una vida libre de preocupaciones, cohabitar un ambiente donde sepamos en grupo que estamos jugando un juego y que nada tiene importancia. Libre de ganancia, libre de competencia, un ambiente donde Solange me convide del calor de su estufa eléctrica y yo en ella me caliente libre del colosal frio espacial que atesta de calambres, de pésima sensibilidad y mala postura y que me contractura el pensamiento.
Avilda Puentes. Era conveniencia al final.
Solange Dorado. Se te va a alivianar el pensamiento. Tené paciencia, chiquita, que va a llegar el momento de la vida donde puedas pensar de manera descontracturada. La vida es una pavada, deberíamos atravesarla de taquito. Y ya sé, ya sé que no te gusta usar tacos, digo esta cosa de ir por ahí como una diva, incómoda, pero puesta, armada.
Edgarto Monapetuchi. ¿Solange?
Solange Dorado. Solange Dorado.
Edgarto Monapetuchi. ¿Puedo tatuarme eso que dijo, Solange Dorado?
Avilda Puentes. Déjese de jorobar, vuelva a su archivo.
10. ORDEN [Sector A4]
Daniel Zans. (Que ve a Avilda Puentes enloquecida con las plantas, que ve a Edgarto Monapetuchi metido en el lio que hizo con el archivo, que ve a Guillermina Puentes y a Solange Dorado transcribiendo sus futuros tatuajes.) En el A4 mucha filosofía, mucha filosofía, pero no veo ninguna clase de orden. Tenían todo reluciente que daba miedo pisarles el suelo y ahora…
Avilda Puentes. ¡Ay, por las orquídeas mismas! Daniel, no sé cómo te da la cara.
Guillermina Puentes. Tendrían que haber visto lo que es el A3. ¡Sátrapa!
Solange Dorado. Nos está tratando de mugrientas.
Daniel Zans. ¿Mugrientas? No, veo que están como… demasiado naif. ¡No en el sentido de que tengan que estar más alteradas! No vayan a entender eso ni de por casualidad. El Inspector es un monstruo. Eso se sabe, pero hay que reconocer que, para ser un magnate de la genialidad, del estilo, y de la sabiduría, es un desastre. Pasamos con Dankin a saludarlo, están masticando como si no hubiera mañana. El tipo es un asqueroso.
Edgarto Monapetuchi. A mí me siguen preocupando las luces. Todos lo vieron, ¿no van a decirme que tengo razón?
Daniel Zans. Edgartito, te pido plis-plis que no mezcles agua fría con aceite hirviendo. ¿Nunca hiciste papas fritas congeladas? Tenés que ser más vivo, ponelas en un plato y con una espátula —o por lo menos con un tenedor las vas empujando—, vas a estar más cerca que nunca a sentirte un genio.
Avilda Puentes. No denigrés a Edgarto.
Edgarto Monapetuchi. (Explicándose contrariado.) Las luces de la alarma son rojas, como el morrón. El morrón quiere comunicarse, se los digo.
Daniel Zans. ¿Denigrarlo, yo? Nunca, alguien como él, con una capacidad semejante únicamente a la suya, no podría. Da placer ver a un profesional en el asunto de hacer planillas, hay cosas que no le podemos negar a la gente como él.
Solange Dorado. Edgarto, la alarma se encendió porque el Inspector olvidó su tarjeta, Daniel lo dijo.
Edgarto Monapetuchi. La alarma no suena porque venga el Inspector, no tiene sentido.
Daniel Zans. Edgarto tiene razón, no tienen que alarmarse.
Edgarto Monapetuchi. Yo no dije eso.
Daniel Zans. Seguro tus reportes, Avilda, sean implacables.
Solange Dorado. ¿Nos ves alarmadas, Daniel? Así somos, transparentes.
Daniel Zans. Honestamente, parecen tres enloquecidas y un psiquiátrico.
Solange Dorado. Pensé que me querías.
Daniel Zans. ¡Solange, por favor, no! No me hagas esto.
Solange Dorado. Lo escucharon. Me acuesto con este macho pelo en pecho que bastante poco pelo en pecho resulta tener. Estoy casi convencida de que te depilás semanalmente, Daniel. No a diario, no mensualmente, semanalmente. El pelo le crece relativamente lento. Y sí, con esto estoy prácticamente admitiendo que, me acuesto con él seguida de una frecuencia, y que, al entrar a nuestro sector, desalineada, desarreglada, desecha, fue porque estaba sentada arriba de la tapa del… inodoro, practicándome una… una masturbación francamente frígida contemplando como este descosido, así como lo ven, se metía… el microscopio de Avilda por el… por el orto, hay que decirlo.
Avilda Puentes. ¡Mi microscopio! Vámonos, Guillermina, nos vamos al habitáculo.
Guillermina Puentes. ¿Justo ahora? Estoy escribiendo lo que se va a tatuar en la espalda Solange.
Daniel Zans. Estoy orgulloso de eso, sos una potra.
Solange Dorado. ¡Te cumplí una fantasía erótica, Daniel Zans! Me das asco.
Avilda Puentes. Repugnancia, con mi microscopio.
Guillermina Puentes. ¡Palo de caca!
Avilda Puentes. No hagas referencias freudianas sobre el placer anal, acompañada de mi instrumento llega a ser sádica esa fantasía.
Guillermina Puentes. Me pareció justa la referencia e intuía que, siendo él un machista impertinente, valía la pena darle algún tipo de marco teórico que abalara/
Avilda Puentes. Bien. Pero es delicado hablarle a alguien que pone su lívido en fantasías referidas a una in/ a Solange, que tiende a delirios de grandeza, utilizando un microscopio. Para visualizar las estrellas se utiliza el telescopio, elemento contrario al microscopio se usa para apreciar lo diminuto como…
Solange Dorado. Como uno de sus pelos.
Guillermina Puentes. La fantaseé mucho a Solange, pero repugnancia, Daniel Zans, repugnancia.
Edgarto Monapetuchi. Sí, Daniel, que digas eso no está bien.
Daniel Zans. Son unas retrógradas.
Avilda Puentes. Vamos. Usted, Edgarto, también.
Edgarto Monapetuchi ni piensa en irse ni deja un segundo de hacer lo que sea que hacía. Las hermanas Puentes se van a su recámara.
11. EXPOSICIÓN [Escritorio de Solange]
Solange Dorado. Quiero decirte que me siento expuesta.
Daniel Zans. Si fuiste vos la que lo dijiste lo del microscopio.
Solange Dorado. Lo hice por necesidad.
Daniel Zans. Y a todos les importa tu necesidad y saber qué era lo que hacíamos, ¿no es verdad? Si no importan mis sentimientos que no importe nada. Ustedes rápidamente se despojan de toda obligación social con esa excusa y me dejan indefenso, pobrecito yo, ¿no? Sin saber a qué actitud apelar, a dónde mirar. Analícenme, se los ruego. Soy un individuo que no espera nada más que eso. Un poco de atención.
Solange Dorado. Te amo.
Daniel Zans. ¿Me amás?
Solange Dorado. Te amo.
Daniel Zans. ¿A mí?
Solange Dorado. No, a Edgarto Monapetuchi, a una palmera. Hacete cargo, Daniel Zans, te amo, te amo, te amo. ¡A vos! A nadie más que a vos.
Daniel Zans. Creo que te estás tomando la vida demasiado en serio. Amar es una cosa de locos,
Solange. Yo una vez estuve enamorado de una persona y hasta el día de hoy, si me acuerdo de lo que sentía cuando me desenamoré, lloro como come el Inspector.
Solange Dorado. ¿Cómo si no hubiese un mañana?
Daniel Zans. Solange, sé que estoy bien calzado, que sé lo que hago, y que tengo buena pinta por no decir una buena puntería cuando juego al ping-pong para embocarle a tu lado de la cancha.
Solange Dorado. ¿Eh?
Daniel Zans. Pero no nos confundamos, disfrutemos mientras podamos y vayamos viendo, vayamos tirando.
Solange Dorado. No me expongas. Siento que esta es una conversación para tener en la intimidad, no en frente a Edgarto Monapetuchi.
Daniel Zans. ¿Nos metemos en el baño?
Solange Dorado. Seguí hablando, dale.
Daniel Zans. ¿Qué paso con todo eso de que no importa cordialidad ninguna, que no importa la creencia popular de que uno debe simpatizar con el gusto saladísimo de las aceitunas y aceptarlas en cualquier alimento? Los suplementos no importan, dicen ustedes, y después hacen escándalos.
Solange Dorado. No te entiendo.
Daniel Zans. Vos me dijiste que te gustaban mis pelos.
Solange Dorado. Ah, mirá, chiquito, lo que era. ¡Yo sabía! Sabía. Mirá si me van a importar los pelos a mí, ¿qué te creés que son los pelos? ¿los-pelosDaniel Zans?. Si te dije que me gustaban tus pelos es porque me doy cuenta de que estas un poquito acomplejado. ¿Vos realmente te pensás que una no se da cuenta que no te crece pelo en mucho lado más que en la cabeza y en los dedos de los pies? Qué decirte, Daniel… el pelo seguramente no te va a crecer por mucho que te afeites la base, el tronco, o los testículos. A nadie le importa que no tengas pelo en el sobaco, ¡que no tengas barba! ¡Por alguna deidad popular!, ¡por algún multiverso! ¿En serio te creés que el crecimiento de tu vello púbico va a representar algún signo de virilidad? Y, sobre todo: ¿por qué te interesa ser varonil? Si soy igual sos un guarro y yo una guarra y eso nos fascina, o por lo menos tendría que fascinarnos. ¡Guarro! (Lo intenta besar.) ¡Guarro!
Daniel Zans. Parezco un niño.
Solange Dorado. Bueno, pareces un niño, ¿qué le vamos a hacer? Un niño y una utopía como yo haciendo el amor en el baño de las recámaras. Hasta me volvería fértil, te digo. Miento. Detesto la idea. Sabés que ni se me ocurriría ser madre y lo que me parece la idea de la familia, la detesto. Por lo menos ahí tenés asegurado que no tengo ningún tipo de proyección, que no busco ningún padre como tus colegas de los 220’ creerían. ¡Que nos analicen, Daniel Zans! Que venga alguien a decirme que tengo un rasgo de pedófila o que veo en vos a mi padre y le arranco la cara con los dientes.
Daniel Zans. Calmate, Solange. Estás diciendo cualquier disparate.
Solange Dorado. ¡Sí! Estoy teniendo mi breakdown nervioso de la jornada y te sacaste el número porque las otras dos se fueron.
Daniel Zans. Te traigo un vaso de agua, sentate.
Solange Dorado. ¡No me siento nada a no ser que sea arriba tuyo! Mirá si me iba a importar a mí que el monstruo de Grimpin venga a inspeccionarme el morrón como si fuera importante un morrón. Jugamos a que es importante porque se supone que es importante. ¡Pero es un morrón! Un tubérculo, una verdura, ¿Qué es el morrón?
Edgarto Monapetuchi. Es un vegetal, un pimiento.
Solange Dorado. ¡Es un maldito morrón!
12. DISFRACES [Sector A2, comedor de la nave]
Eclodoro Muñoz y F. Fonsi caracterizados respectivamente como el Inspector W.O.K. Grimpin y su asistente, comen y beben.
Eclodoro Muñoz. ¿Escuché morrón?
F. Fonsi. ¿Dónde? Yo no lo veo.
Eclodoro Muñoz. No seas estúpido, ¿escuchaste?
F. Fonsi. Sí, escuché. Parece que el morrón nos llama, Inspector W.O.K. Grimpin, nos pide que lo rescatemos.
Eclodoro Muñoz. Eso parece. (Susurrando.) ¿Cómo era que te pusimos?
F. Fonsi. (Susurrando.) Sánchez de apellido.
Eclodoro Muñoz. (Susurrando.) Y que sea Vergara de nombre. (Sube la voz.) ¡Vergara Sánchez! ¡Cómo dice! ¿Cómo un morrón nos iría a llamar? Deje de hacerse el capo cómico. Siempre así, Vergara, ¿eh?, gracioso como usté mismo. El hazmerreír de la tropa anti vegana.
F. Fonsi. (Susurrando.) Mirá que cuando yo te agarre a vos…
Eclodoro Muñoz. (Susurrando.) No me vas a poder agarrar.
F. Fonsi. (Susurrando.) Cuando te pueda agarrar, no se me ocurre qué, pero algo, ah, algo te voy a hacer.
Eclodoro Muñoz. (Susurrando a ranga dientes.) ¿Vos te acordás lo que yo te dije cuando Bertrán nos llevó a aquella navecita?
F. Fonsi. Pasame aquello.
Eclodoro Muñoz. ¿El cangrejo?
F. Fonsi. El cangrejo, sí.
Eclodoro Muñoz. ¿Te acordás?
F. Fonsi. Me acuerdo, sí.
Eclodoro Muñoz. ¿Y qué te dije?
F. Fonsi. No empieces con eso, ya te dije que no podemos.
Eclodoro Muñoz. ¡Decime que te dije!
Entra Daniel Zans.
Eclodoro Muñoz. Apa, apa, apa, ¿Quién llegó de la A.P.A.?
F. Fonsi. ¿Quién volvió?
Daniel Zans. ¿Quién llegó?
F. Fonsi. ¡Ah! ¡El Dano llegó!
Eclodoro Muñoz. Venga, venga, venga, Danono. No se nos ponga tímido.
F. Fonsi. No se ponga tímido, Señorete Danonete. Venga, siéntese con nosotros.
Eclodoro Muñoz. Coma algo, ¿qué quiere? Danote. ¡Sírvase!
F. Fonsi. ¿Quiere un poco de palomita, Danonino?
Eclodoro Muñoz. No sea malo, Vergara, ofrézcale el cangrejo al Dano.
Daniel Zans. Estoy bien, almorzamos hace rato ya en el Sector. Venía a buscar un vaso/
Eclodoro Muñoz. Coma cangrejo. Hágame caso, Daniel, yo sé lo que le digo.
F. Fonsi. ¿Qué pasa? No me venga a decir que no le gusta el cangrejo.
Eclodoro Muñoz. (Terroríficamente serio.) ¿No come usted animales?
F. Fonsi. No me venga a decir que es vegetariano el Danote.
Eclodoro Muñoz. ¿Es vegete, Danonete? No me diga…
Tropa de la M.L.A. (Golpeando la mesa.) El Dano nos salió vegano.
F. Fonsi. ¡Pucha! Pateando pal otro lado, el Danote.
Daniel Zans. ¿Cómo va a decirme eso, Inspector Grimpin? Somos profesionales. Sabemos en esta nave que el veganismo está rotundamente prohibido por la antinomia ética que nos rige y sabemos perfectamente a qué lado de la balanza nos inclinamos.
F. Fonsi. De la balanza…
Daniel Zans. Seguro…
Eclodoro Muñoz. Lo estamos jorobando, Zans, tome asiento.
Daniel Zans toma asiento.
Eclodoro Muñoz. Zans, usted se pensará que somos un par de malevos, ¿no? Irrespetuoso par de soberbios que no sirven para mucho más que inspeccionar el trabajo de sujetos inferiores en rango.
F. Fonsi. (En calidad de aporte.) En categoría.
Daniel Zans. No, para nada.
Eclodoro Muñoz. Y estaría bien que se piense eso, porque un poco la cosa funciona así. Uno tiene sus méritos, y vio cómo funciona la meritocracia y todo este asunto burócrata de escalar por los sectores. Uno se va entusiasmando y llega el día que los demás no importan. Bueno, usté, Zans, lo tiene que saber mejor que nadie. Estar clavadito todo el día en una oficina… y… es un trabajo complicado.
F. Fonsi. Sobre todo, por la pérdida del tiempo.
Eclodoro Muñoz. Sobre todo, por la pérdida del tiempo, exactamente, este… Vergara. ¿Cómo se lleva con la pérdida de tiempo?, ¿con sentir que tira su tiempo a la basura?
F. Fonsi. Con agarrar su tiempo y defecarlo de manera líquida sabiendo que va a flotar para siempre en el vacío del éter.
Eclodoro Muñoz. Para siempre en el vacío. (Pausa contemplativa.) Bueno, y Zans, ¿está un poquito lento hoy o me pareció?
F. Fonsi. ¿O es siempre así?
Eclodoro Muñoz. ¡Cuéntenos Dano!
Daniel Zans. (Con esfuerzo.) Este… no soy así generalmente. Discúlpenme. Tuve… tuve una jornada… ajetreada. Fue… miren a nosotros acá nos agarró de sorpresa la visita. Yo estoy enamorado de una mujer.
F. Fonsi le hace señas a su compañero.
Daniel Zans. Sí, sí, ya sé. Es así, me enamoré. Es una persona magnífica, hace acordar a las siervas: noble, envalentonada. Y ella me mira que me conmueve. A veces me asusta. De verdad que sí. Porque el amor es enorme, sí, pero también porque es una fiera. Se enoja a veces y parece que me fuera a comer. Uno la ve tan ensimismada, tan en algo profundo de ella misma, y de repente le salta la chispa, se engrampa con alguna tontería e irradia una materia tan… densa tan/ es un torrente, no me alcanzan las palabras, la quiero domesticar.
F. Fonsi. Está bien, Danote, está bien.
Daniel Zans. Sé que están de visita y seguramente sea por eso que les diga esto, porque sé que nunca los vuelvo a ver. ¡Me siento indefenso! No entiendo cómo es que hay que hacer en esta vida. Somos puntos microscópicos en medio de un temporal de eones que va pasando. Estamos flotando en el piélago y en las profundidades más abismales se esconden como gigantescos las respuestas. Y deben ser gigantescas, realmente enormes, y aún así no las logramos dimensionar. Esto que me dicen de pasar todo el día con el culo pegado al asiento, es así. ¡Me tengo que encerrar a hacer lagartijas en el baño! ¡Por la ansiedad! Necesito que pase algo, que alguien me haga entrega de alguna clase de guía, que me explique detalladamente qué pasa y por qué pasa lo que pasa. Y todavía así, con todo eso dándome vueltas, la miro a ella, a Avilda Puentes, y siento que no importa absolutamente nada.
Silencio. F. Fonsi apunta con su pistola a Daniel Zans sin que éste lo vea.
Eclodoro Muñoz. ¿Qué decirle? Daniel, ta’ complicado, sí. Esa incertidumbre es… una auténtica malicia. Nos arrojan a existir y uno no sabe qué hacer.
F. Fonsi. Este, Inspector Grimpin, cálcese las pelotas de canguro que tiene, me hace el favor.
Daniel Zans se sorprende de que el asistente del Inspector le hable así.
Eclodoro Muñoz. No, Vergara, el Dano tiene razón. Esto de estar bollando entre sistemas solares, continuamente sin saber cuál es la estrella que nos rige el campo magnético, sin saber en qué punto de la recta estamos, ni si es una recta… es un disparate.
F. Fonsi. Inspector Grimpin.
Eclodoro Muñoz. Daniel, yo esto se lo digo con frecuencia al Inspector.
Daniel Zans. ¿A usted mismo?
Eclodoro Muñoz. ¡A éste! A Vergara Sánchez, mi asistente. Pasamos tanto tiempo juntos que se ha vuelto una extensión, es como… como un muñón.
F. Fonsi. Soy su cerebro.
Eclodoro Muñoz. Como un apéndice. Cuestión que todo el tiempo se lo digo y no me escucha. Porque no trata de entenderse en esta problemática. Me dice: «¿para qué las preguntas?». Plantea un modelo connacional exclusivamente pragmático. No le interesa la conversación, ni el entretenimiento, ni el progreso. Es una máquina inspectora, didáctica/
F. Fonsi. ¡Inspector Grimpin!
Daniel Zans. ¡Deje hablar a su superior!
Eclodoro Muñoz. Gracias Dano, te lo agradezco. Lo que pasa es que él no sabe escucharme.
F. Fonsi. ¿Ahora yo soy el que no sabe escucharte?
Eclodoro Muñoz. No sabés escucharme.
F. Fonsi. Yo te escucho.
Eclodoro Muñoz. Ah, ¿sí? ¿Vos sabés que estoy enamorado de vos?
Daniel Zans. ¿Qué está pasando?
Eclodoro Muñoz. Es sencillo, Dano, acá hay un tipo confesándole su amor a otro tipo que ni siquiera es capaz de escucharlo.
Daniel Zans. Es complicado, yo lo entiendo. Hay una línea jerárquica que los divide… Aunque se enamoren siempre va a estar en el medio el poder.
F. Fonsi. Cállese, Zans. Vos, después hablamos. Esto que estás haciendo denota que estás enfermo de neurosis obsesiva. Una y otra vez, una y otra vez.
Eclodoro Muñoz. No, pero lo digo enserio. Ese atrofiado que yace ahí en medio de preocupaciones y lamentos, es un ser humano. Está siendo honesto con nosotros. Tenemos que serle sinceros: (Lo agarra, lo aprieta.) yo no doy más Vergara Sánchez.
F. Fonsi. ¡Eclodoro! ¿Vos sos imbécil? Me estás haciendo calentar.
Eclodoro Muñoz. ¿En serio?
F. Fonsi. ¿Vas a hacer que pudramos todo otra vez, en serio? ¿En serio, Eclodoro Muñoz? ¿Vos te acordás lo que te dije la última vez que pasó esto?
Daniel Zans. ¿Qué tiene que ver Eclodoro Muñoz?
Eclodoro Muñoz. Yo soy Eclodoro Muñoz, Zans (Se saca el disfraz.) No se puede ser tan imbécil. No puedo entender cómo pudo haberte convencido este disfraz.
F. Fonsi. Debe haber sido el aliento a cebolla.
Parece que Daniel Zans va a hacer algo.
F. Fonsi. (Resignado, sacando su pistola.) Estamos de encubierto para la M.L.A. Quédate calladito, Zans. No tenemos la más mínima intención de evaporarte el encéfalo. Venimos a buscar el morrón y nos rajamos. Colaborá y no te perforo la frente.
Eclodoro Muñoz. ¿Ves que al final sos vos el que la cagás? Todo iba sobresaliente. Nos lo teníamos ganado.
Daniel Zans. Nunca hubiese imaginado que ustedes, rescatistas de vegetales, comieran cebolla. ¡Hipócritas!
F. Fonsi. Estábamos de encubierto.
Eclodoro Muñoz. De encubierto le decís a esa tortura. Tiene un límite la mentira. Si vas un paso más allá se nos complica todo y yo te juro que después de que nos rajen te como. Eso fue lo que te dije y te lo vuelvo a decir. Te mato y te trago.
Daniel Zans. ¿Entonces no es mentira eso de que son caníbales?
F. Fonsi. No por nada se enlista un estúpido como usted en la A.P.A. La Asociación Planta Astral, Zans, por favor. ¿Me vas a decir que te gustan las flores?
Eclodoro Muñoz. Era mentira que estoy enamorado de él, Zans. Es parte del rol playing que hacemos.
F. Fonsi. Y con ese role-playing arruinás consecutivamente nuestros planes. Ahora te callás la boca y colaborás. Yo no voy a poder con el Dano, con el morrón, con todo. Zans, escoltanos hasta al morrón, a ver.
Tropa de la M.L.A. ¿Danote?
SEGUNDO ACTO: UNA LISTA DE QUIEROS
13. PAPELEO [Archivo del A4]
Edgarto Monapetuchi sigue con su papeleo.
14. SOMBRA [Recámara de las hermanas Puentes]
Las hermanas Puentes en sus respectivas camas, cucheta. Guillermina Puentes, abajo, come galletitas. Arriba, Avilda Puentes desinfecta su microscopio.
Guillermina Puentes. Es raro.
Avilda Puentes. Yo eso no te lo puedo negar.
Guillermina Puentes. Es muy raro.
Avilda Puentes. Que da miedo.
Guillermina Puentes. Pero dentro de todo, es buen compañero de trabajo.
Avilda Puentes. Es extremadamente raro.
Guillermina Puentes. Yo creo que sabe escuchar.
Avilda Puentes. ¿Escuchar?
Guillermina Puentes. Para la antena. ¿Vos viste cómo estaba?
Avilda Puentes. ¡Ah! Sí, sí, la antena, si tendrá parada la antena.
Guillermina Puentes. Aunque en otro sentido de las cosas, yo pienso que es una persona honorable. Pero está lo-caso, hermana Puentes.
Avilda Puentes. No sé si diría loco. Es de mal gusto, Guillermina, andarle diciendo loco porque sí, ¡y honorable me parece que tampoco!
Guillermina Puentes. Edgarto está mal, pero no es malo.
Avilda Puentes. ¿Edgarto? Yo te hablaba de Daniel.
Guillermina Puentes. Ah, no. Daniel no está loco, es un imbécil, que es otra cosa.
Avilda Puentes. Después de lo que le hizo a mi microscopio, ¿cómo se te ocurre que estaba hablando de Edgarto? No te entiendo. A veces pienso que nosotras vivimos en líneas paralelas.
Guillermina Puentes. Salimos de la misma barriga.
Avilda Puentes. Y me impacta.
Guillermina Puentes. (Riendo.) ¡Barriga! ¿Te imaginaste alguna vez que vivimos totalmente separadas, que estamos absolutamente distanciadas y presenciamos realidades diferentes, y que solo en puntos como este, nuestras realidades colisionan para que tengamos una conversación?
Avilda Puentes. No. Nunca me imaginé nada parecido.
Guillermina Puentes. (Riendo.) Ya sé, sería empalagoso que aparte de ser hermanas imagináramos lo mismo. Yo lo imagino seguido, en tu universo la estufa nos calentaría y no tendríamos frío. El resto sería igual, yo iría a buscar las plantas y vos las estudiarías. Solange Dorado nos informaría y gestionaría. Edgarto Monapetuchi transquibiría los informes de nuestros trabajos y los ordenaría. Cada tanto, tendríamos este tipo de conversaciones. Todo sería igual.
Avilda Puentes. (Riendo.) ¡Pero todo sería igual! ¿Cuál es la gracia de estar en mundos paralelos si no habría cambios en la historia?
Guillermina Puentes. Habría cambios en la historia, sí, ¡si la estufa no nos calienta!
Avilda Puentes. Ay, sos una friolenta.
Guillermina Puentes. Porque vivo en tu sombra.
Avilda Puentes. ¿De verdad pensás eso?
Guillermina Puentes. Si la mitad de las cosas que quiero decir no las digo, todo lo que quiero hacer no lo hago…
Avilda Puentes. Y hacé. Hacé lo que quieras hacer, ¿qué esperás?
Guillermina Puentes. No sé, que te mueras.
Avilda Puentes. ¿Cómo me vas a decir eso?
Guillermina Puentes. ¡Es una broma, Avilda!
Avilda Puentes. Ay, ta.
Guillermina Puentes. ¿Cómo te voy a decir eso en serio?
Avilda Puentes. (Sospechando.) No sé. Yo no sé qué hacer contigo. No sé qué querrás hacer, pero hacelo. ¿Qué querés hacer? Ni se me ocurre.
Guillermina Puentes. No me gusta la oficina. Me gustaría volver al planeta de los nahuales, ¿te acordás? Donde crecían esas plantas.
Avilda Puentes. Las risonte.
Guillermina Puentes. Sí, ahí quisiera ir, por ejemplo. Ahí había un tipo que era amigo de unos elefantes, ¡amigo de elefantes! ¿Cómo se hace para hacerse amigo de un elefante?
Avilda Puentes. Bueno es poco corroborable eso. Hasta donde sabemos era criador de elefantes y de los elefantes hacía un negocio, aunque dijera que su amigo.
Guillermina Puentes. No, Avilda, sabés que no era así. Los elefantes estaban contentos.
Avilda Puentes. Estaban adiestrados.
Guillermina Puentes. No importan los elefantes. Quiero ir a un lugar donde pueda ver cosas como esas. Ir a un planeta con poca gravedad como ese y salir volando, quiero terminar siendo bombero en un planeta que esté a punto de incendiarse, ¿me entendés? Correr riesgo de incinerarme.
15. CIERRE [Invernadero]
Edgarto Monapetuchi, terminando sus quehaceres, contempla el morrón.
16. CAPRICHOS [Recámara de las Hermanas Puentes]
Siempre siguió la charla.
Guillermina Puentes. ¡Quiero llorar! Y no quiero llorar un tiempo cuando te mueras.
Avilda Puentes. Sos una desbocada.
Guillermina Puentes. Quiero llorar por alguna lastimadura profunda, quiero enamorarme y que me rompan el corazón. Quiero irme al medio de una selva para que me pique un mosquito salvaje, atravesar un desierto y estar semanas para conseguir un vaso de agua.
Avilda Puentes. Fallecerías.
Guillermina Puentes. Te lo digo en serio, te lo prometo, me gustaría lastimarme, caerme contra una piedra y que me sangren otra vez las rodillas, corroborar que tengo todavía sangre en las rodillas y que no la perdí cuando dejé de jugar contigo en la infancia.
Avilda Puentes. Ya vas a ser vieja y te vas a dar algún porrazo.
Guillermina Puentes. Quiero que las heridas de la vida no sean el padecimiento del nefasto aburrimiento de simplemente existir, ¡quiero vivir! Me quiero perder, quiero estar indefensa a la deriva y encontrarme con alguien. O no encontrarme con nadie y que me pase algo extravagante y ser la única cómplice de cómo una gota de lluvia fue para el insecto el diluvio. O que no pase absolutamente nada interesante, ir pateando piedras, tener alergia, enfermarme y morirme sola, de vieja, sin haber podido conseguir una nave o teniendo una nave sin combustible, y desplomarme contra el fuselaje noche tras noche armando fogatas mirando la galaxia, entendiendo en el alma lo que es este monstruo truculento del que somos átomo y somos célula, entender lo eviterno/
Avilda Puentes. ¿De dónde sacaste esa palabra?
Guillermina Puentes. La dijiste vos.
Silencio. Avilda Puentes atina a hablar.
Guillermina Puentes. Entender el silencio y negarlo rotundamente mientras me adentro en sus profundidades para corroborarlo.
Avilda Puentes. ¿Te das cuenta de que decís todo eso, pero por otro lado y en general te quejás de no tener estufa?
Guillermina Puentes. ¿Por qué me peleás?
Avilda puentes. No te peleo. Quiero saber, en serio, explícamelo.
17. JORNADA [Sector A4]
Edgarto Monapetuchi sigue contemplando al morrón, parece que se sacia, sí, se sacia y se va a los pasillos.
18. CARGOS [Recámara de las Hermanas Puentes]
Nunca se interrumpió la charla.
Guillermina Puentes. Es que creo que, si estuviera invirtiendo mi tiempo en algo importante. No sé, vos sos herbóloga y te dedicás a las plantas.
Avilda Puentes. No me dedico/
Guillermina Puentes. Te dedicás a lo que te de dedicás, Avilda. ¿A qué me dedico yo?
19. PENDIENTES [Pasillos]
El morrón canta. Pestañea la luz. Edgarto Monapetuchi, entusiasmado, sorprendido, retorna al Sector A4.
20. ADICCIÓN [Invernadero]
Edgarto Monapetuchi aprecia conmovido al morrón cantor.
21. COSTUMBRE [Recámara de las hermanas Puentes]
Nunca dejaron de hablar.
Guillermina Puentes. Si no estuviera tan cómoda, no andaría por ahí reclamando más comodidad. Cada vez que le pido a Solange Dorado que le suba la potencia a la estufa para que a mí también me llegue el calor, se me revienta el espíritu, Avilda.
Avilda Puentes. Vas a tener siempre un pretexto para todo.
Guillermina Puentes. Pero no es un pretexto.
Avilda Puentes. Es pura fantasía. La vida va mucho más allá de demostrarte a vos misma lo brillante que la vida es. ¿No ves que estás hablando de conocer la galaxia, pero que la estás conociendo gracias a que estás trabajando acá? ¿Si no es a esto a qué te querés dedicar?
Guillermina Puentes. No sé a qué me quiero dedicar.
Avilda Puentes. ¿Cómo pensabas conocer al tipo de los elefantes sin trabajar en esta nave conmigo?
Guillermina Puentes. ¡Avilda! Repetís eso siempre y a eso me refiero, no quiero escucharte más decir ese tipo de cosas.
Avilda Puentes. Tapate los oídos.
22. ADORACIÓN [Invernadero]
Donde Edgarto Monapetuchi esté inclinado cerca del morrón cantor.
Edgarto Monapetuchi. ¡Y no te podía escuchar! ¡Gracias! Gracias, de verdad. Gracias, morrón. No sé por qué confías en mí, pero te lo agradezco. Te juro en nombre de cualquier deidad, en nombre de vos mismo —que imagino que si no sos una deidad pegás en el palo—, que yo voy a hacer que te escuchen. Te van a prestar atención.
23. RUTINA [Recámara de las hermanas Puentes]
Donde siguen discutiendo nada menos que las hermanas Puentes.
Guillermina Puentes. No me tapo los oídos nada.
Avilda Puentes. Tapátelos.
Guillermina Puentes. No me los tapo nada.
Avilda Puentes. Tapátelos porque no voy a dejar de decir lo que digo. Soy así, digo lo que digo, una dice lo que dice.
Guillermina Puentes. Acabás de decir lo mismo de tres maneras distintas, semejantes, pero ínfimamente diferentes. Tu forma de hablar es una alegoría a un día cualquiera en esta oficina de mierda.
Avilda Puentes. Tapátelos los oídos si no me querés escuchar.
24. DESCARGO [Pasillos]
Daniel Zans, a punta de pistola, al ver a Edgarto Monapetuchi.
Daniel Zans. ¡Edgarto! ¿Qué tal?
Edgarto Monapetuchi. Daniel, los dos sabemos que no nos simpatizamos. Me trataste de psiquiátrico y me usaste de chiste para ver si podías hacer reír a mis compañeras. Y eso se sintió horrible. Yo no dije nada, pero se sintió espantoso y ahora me siento con ánimos de decírtelo porque tengo todas las certezas que necesitaba: sos un pelotudo. Sos una persona desagradable, sos el tipo de persona que uno no quiere tener cerca ni para jugar a las cartas, ni para mirar las estrellas, y mucho menos para trabajar. Tenés el espíritu de la garrapiñada, sos una coraza con esencia de vainilla, Zans, un snack barato de avenida principal.
Edgarto Monapetuchi se va por los pasillos.
F. Fonsi. No te quiere mucho tu compañero, ¿no, Dano?
25. CULTO [Invernadero]
Donde el morrón cantor nunca dejó de cantar.
Edgarto Monapetuchi. (Tímido, dubitativo.) Sé que no corresponde. Pero esperaría que me entiendas. Es certeramente complicado sentirse entendido en estos vericuetos. Comprenderás que mucho más complicado es sentirse comprendido por un morrón. ¿Qué digo? Un morrón que canta, ¡el único morrón cantor conocido! (Decidido.) ¿Puedo besarte? No es que te esté interpretando como una divinidad y quiera hacerte culto y formar religión alrededor tuyo. Es simple agradecimiento. Porque uno vive y obra esperando una llamada del destino, una guiñada de Dios. Y disculpame si te mal interpreto, pero te estoy interpretando como una señal del Destino y como una guiñada de Dios. Te veo como la señal de que, aunque no entendamos qué es lo que pasa ni cómo es que lo que pasa, pasa efectivamente, eso que pasa, pasa. Sos la demostración del misterio encarnada en un morrón. Sos… un misterio hecho vegetal. Sos…
El morrón cantor no deja de cantar. Edgarto Monapetuchi lo besa.
Edgarto Monapetuchi. Esperame ahí que ya vengo, estoy seguro de que Avilda va a lograr interpretarte. (Riendo entre nervioso y entusiasmado.) ¿Qué digo? ¿A dónde te irías a ir? Los morrones no tienen piernas, ya sé, no te lo tomes como ofensa, no te estoy diciendo manco ―y que te conste que no tengo absolutamente nada en contra de los mancos―, pero vos, morrón, no podrías ser manco, ¡porque sos un morrón!, ¡y cantás! ¡Cantás sin cuerdas vocales! ¿Entendés? (Pareciera que espera que el morrón cantor le responda. No le responde, sigue cantando.) Ya vengo, enseguida vengo.
26. IMPULSOS [Recámara de las hermanas Puentes]
Que siguieron siempre diciendo «tapátelos», «no me los tapo nada».
Avilda Puentes. Tapátelos.
Guillermina Puentes. No me los tapo nada.
Avilda Puentes. Confesámelo. No era chiste lo de que querías que yo me muera para sentirte libre e irte de fantasía y aventura a cumplir uno a uno los ítem interminables de esa lista tuya de quieros.
Guillermina Puentes. No quiero que vos te mueras, Avilda, ¿Cómo voy a querer que te mueras?
Avilda Puentes. No sé, decime vos. ¿Querés que me caiga en un pozo?, ¿qué me coma una pantera?, ¿qué me ahorque con la trompa uno de esos elefantes?
Se ríen a un tiempo equivalente a un silencio.
Guillermina Puentes. El único quiero, que quiero y que no me animé a decirte, es que me quiero suicidar.
Ingresa Edgarto Monapetuchi en un alto estado de entusiasmo.
Edgarto Monapetuchi. ¡Cantó!
Avilda Puentes. Edgarto, ya le dije varias veces que tiene que golpear la puerta cuando entra a los espacios de intimidad ajena.
Edgarto Monapetuchi. No hay tiempo para espacios de intimidad. ¡Cantó, Avilda! El morrón se puso a cantar, traiga su microscopio, o no, olvide el microscopio, qué digo, venga usted, con su presencia alcanza, alcanza con que traiga sus oídos.
Avilda Puentes. Edgarto, estamos en medio de una conversación importante.
Edgarto Monapetuchi. (Seguro.) Les aseguro que no va a haber nada más importante que esto, es de vida o muerte, Avilda. Entiéndalo, por favor, el morrón se puso a cantar, así como lo escucha, es un morrón cantor. Eso eran las luces: ¡Sinestesia! Estábamos entendiendo todo al revés. Yo estaba mirando cuando tenía que estar escuchando.
Edgarto Monapetuchi atina a subirse a la cama.
Avilda Puentes. ¡Ni se le ocurra! Edgarto, de verdad, no estoy en este momento disponible para escuchar sus delirios. Ni para verlo a usted. Ni para escucharlo. Váyase. Vaya, vaya a mirar sus luces, a escuchar a su morrón.
27. SIGLAS [Pasillos]
Asomados al pasillo. F. Fonsi tiene a Daniel Zans a punta de pistola. Se dispone a salir. Y por supuesto que aparece Edgarto Monapetuchi, enlentecido, entristecido, en decaimientos.
Edgarto Monapetuchi. ¿No tenés nada para hacer, Daniel que seguís ahí parado?
Daniel Zans. (Intentando hacerle una seña.) Me… me quedé pensando en lo que dijiste.
Edgarto Monapetuchi. Sos un hipócrita, Zans. Dejame tranquilo.
F. Fonsi. Pero la repetidísima semilla que los plantó. El vegetariano más vegetariano de todos, imbéciles todos los que sigan las normas de la A.P.A. El re jugoso gajo de la tangerina, el re jugoso gajo de la naranja.
Eclodoro Muñoz. Mantené la compostura, F. Fonsi, que seguís diciendo estupideces. (Pausa.) Las semillas no se plantan.
F. Fonsi. ¿Cómo que no se plantan? ¿Vos te volviste atrofiado del todo?
Eclodoro Muñoz. Bueno se plantan, sí, pero no se puede decir semilla que los plantó. De la semilla la planta crece, pero la semilla no saca brazos y planta.
F. Fonsi. Claro que no saca brazos y planta, pero la semilla planta, cae la semilla y sale la planta.
Eclodoro Muñoz. Vos sos el atrofiado del todo.
F. Fonsi. La semilla cae del árbol y después se convierte en planta.
Eclodoro Muñoz. Se convierte en planta…
F. Fonsi. Se vuelve planta, sí.
Eclodoro Muñoz. Entonces decí: «el repetidísimo árbol que los plantó, ¡semillas!» O lo podés decir en singular que, para mí, quedaría mejor: «el repetidísimo árbol que te plantó, ¡semilla!».
F. Fonsi. Pero andate a la puta que te parió, pelotudo, ¿me hacés el favor? Y yo que todavía te contesto. Estamos en algo importante, Muñoz, y yo no voy a dejar que me lo estropees, no voy a comer, otra vez, cebolla por tres meses, me siento culpable.
Eclodoro Muñoz. Estropee. Está bien, Fonsi, ¿qué hacemos? Yo solo quería emprolijarte el insulto. Tenés razón. No sirve de nada rescatar un morrón si después nos lo vamos a comer. Admás… un morrón solo. Nos vamos a morir de hambre.
F. Fonsi. Bueno, ¿sabés qué?, entonces hablá bien, se dice: emprolijar tu…, emprolijarte no exist/ me cago de manera espesa en la A.P.A. en la R.A.E. Zans, ¿qué hacía tu compañerito de la A.P.A.?, ¿Por qué carajo viene y va por el pasillito?
Eclodoro Muñoz. No te cagués en la R.A.E., no seas mal educado. Sin la Republica Alga Ecuatoriana no tendríamos espirulina.
F. Fonsi. Están comerciando espirulina a mansalva.
Daniel Zans. Entonces los famosos rescatistas de vegetales de la M.L.A. ¿rescatan vegetales y después se los comen?
F. Fonsi. No te inspires, Danote. Te hice una pregunta, pero sí, a veces tenemos que hacer eso. A la ética siempre le gana el hambre. Ahora contestá.
Daniel Zans. No tengo idea que hace Monapetuchi, es un tipo que está medio torcido, anda medio troquelado. Anda, anda… anda mal de la cabeza. ¿Y a qué corresponde la sigla?
Eclodoro Muñoz. Es curioso el Dano. Somos la Misión Longeva A favor de las plantas. La M.L.A.
Daniel Zans. ¿No podían ponerse Misión Longeva Algae?
F. Fonsi. No seas ordinario, Zans, no te pasés.
Daniel Zans. Es que es raro que la A, en una sigla, quede con mayúscula. Es raro que forme parte de la sigla. ¿Cómo pasó? ¿Por qué no le pusieron MLFP? Misión Longeva a Favor de las Plantas. ¿Tan convencidos estaban de que querían ponerle MLA? ¿Les gustaba por un lado la sigla y por otro lado la frase y no pudieron decidirse? No sé. Misión Longeva Algae, me parece que tendría más sentido.
F. Fonsi le pega a Daniel Zans en la cabeza.
Eclodoro Muñoz. Tiene razón, Fonsi, las algas fueron los primeros organismos eucariotas en salirse de los océanos. La sigla está mal, siempre lo pensé.
F. Fonsi. Pero el repetidísimo árbol que te plantó, ¡semilla!
28. DISCULPAS [Recámara de las hermanas Puentes]
Guillermina Puentes sigue comiendo galletitas. Avilda Puentes, lustrando su microscopio, la mira.
Avilda Puentes. (Muy seria.) No hagas bromas con eso, chiquita. ¡Chiquita! Mirá lo que me hacés decir, me dejas hablando como Solange. Muy en serio te lo digo Guillermina: no seas egoísta, no.
Guillermina Puente. Pero no quiero que Solange Dorado nos siga diciendo chiquitas, ¡no quiero volverle a pedir que prenda la estufa, te lo digo en serio yo también! Quiero que esto se termine, esta vida vacía.
Avilda Puentes. Bueno, pero no. No se va a terminar, y esa no es la manera.
Ingresa Solange Dorado, algo compungida.
Solange Dorado. Me van a decir que no pasa nada. Yo, por mi parte, me quedé mal y quiero que hagamos las paces. Me van a decir que nunca nos peleamos. Es verdad, siempre fuimos absolutamente correctas las unas con las otras. Pero, si hubiese algo a lo que reaccioné de mala manera, les pido me disculpen, me sentí respaldada por ustedes con la situación con el mamotreto aquel y eso lo valoro inmensamente.
Guillermina Puentes. ¿Vas a prestarnos la estufa?
Solange Dorado. Tu hermana tenía razón, entonces. Era conveniencia.
Se va.
Guillermina Puentes. No se va a tatuar la espalda, ¿no?
Avilda Puentes. (Tierna.) Chiquita. Creo que se dejó llevar.
Guillermina Puentes. (Llorando.) Me pareció.
Avilda Puentes. Bueno, la voy a buscar para que hablen mejor. Sé qué/ La voy a buscar a ver si podemos negociar bien este tema de la estufa.
29. DESENCUENTROS [Pasillos]
Avanzando despacito… Daniel Zans a punta de pistola de F. Fonsi y de Eclodoro Muñoz que le siguen. Sintiendo pasos a lo lejos del pasillo. Salen disparados. Avilda Puentes cruza el pasillo perdiéndose de vista. Vuelven a salir pero tienen que evitar a Solange Dorado. F. Fonsi y Daniel Zans abandonan a Eclodoro Muñoz.
30. DESPIDO [Sector A4]
El morrón no canta. Edgarto Monapetuchi encimado a éste tararea su melodía.
Solange Dorado. (Que ve a Edgarto Monapetuchi en semejante actividad.) Ay, Edgarto, ¿qué voy a hacer contigo? Te tengo un aprecio oculto, pero enorme. Sos una persona muy valiosa. Tenés un manejo experto en planillas. Una paciencia inigualable. Porque yo sé que somos bastante escandalosas Avilda Puentes y yo, y que la hermana también bastante pesadita es y no se queda atrás. Tiene que disculparme, Edgarto, pero lo voy a tener que dejar ir.
Edgarto Monapetuchi. ¿A dónde me deja ir? No quiero ir a ningún lado.
Solange Dorado. Usted me entendió.
Edgarto Monapetuchi. No, me niego a entenderla.
Solange Dorado. Tengo que pedirle que reconsidere su puesto.
Edgarto Monapetuchi. Pero ¿cómo voy a reconsiderarlo si antes no lo estaba considerando?
Solange Dorado. Considérelo.
Edgarto Monapetuchi. Nunca había sentido la necesidad.
Solange Dorado. Se la trasmito.
Edgarto Monapetuchi. Sabe que no la recibibí a la transmisión.
Solange Dorado. Revise bien.
Edgarto Monapetuchi. Ya revisé, no hay nada.
Solange Dorado. Lo estoy despidiendo.
Edgarto Monapetuchi. ¿A dónde se va?
Solange Dorado. Monapetuchi, déjese de jorobar. Me toma el pelo.
Edgarto Monapetuchi. Como le voy a/
Solange Dorado. Edgarto…
Edgarto Monapetuchi. ¿Me vas a despedir, Solange?
Solange Dorado. No digo que, para siempre, jamás lo dejaría bollando como satélite en el espacio.
Edgarto Monapetuchi. Te trabajo bien, Solange, no seas mala.
Solange Dorado. Trabaja bien, sí. Siempre trabajó bien, fue respetuoso.
Edgarto Monapetuchi. Me necesitan, soy experto en lo que hago.
Solange Dorado. Hacés planillas, Edgarto, no seas malo vos.
Edgarto Monapetuchi. Pero ¿qué hice?
Solange Dorado. Es una sumatoria. Todos sus episodios, más su excentricidad, más sus últimos delirios alrededor de que el morrón larga luces, su forma de ser. Tremenda seguidilla te estás mandando.
Edgarto Monapetuchi. Podría haber dosificado, ¿no?
Solange Dorado. Podrías haber dosificado.
Edgarto Monapetuchi. Pero es que no solo larga luces, Solange, ¡canta!
Solange Dorado. Ve, no sabe controlarse. ¿No se da cuenta que no es conveniente exponerme su delirio justamente ahora? Si usted fuera coherente, se lo hubiese reservado. Para más tarde, por lo menos.
Edgarto Monapetuchi. Quiero serle honesta, el morrón canta, Solange.
Solange Dorado. Bue, todo tiene un límite. Encontrármelo ahora con el morrón directamente en las manos fuera de horario laboral… me hace pensar que usted no está bien con nosotros, Edgarto. Necesita un descanso. Permanente. En otro lugar.
Edgarto Monapetuchi. No entiendo si me estás despidiendo o no, Solange. Sea más clara.
Solange Dorado. Ya lo consulté, Edgarto. Discúlpame el atrevimiento y… mirá, te lo digo así, te tuteo, de todo corazón: necesitás algún tipo de ayuda. Tenía advertida a Londés, su nave vuela de aquí a no muchos pársec al oeste, allí tendrías una entrevista y serías derivado. Londés es un encanto de persona, le hablé todas las maravillas que pude de vos, te va a ayudar. Pensaba consultártelo, sugerírtelo. Pienso que lo mejor sería que vayas a otra parte. Espero que me entiendas, (Sinceramente.) honestamente te lo digo, creo que esto te va a ayudar.
Avilda Puentes. (Asomándose desde el pasillo.) Solange. (Viéndolo a Edgarto Monapetuchi en semejante actividad.) Bueno.
Solange Dorado. Decime, chiquita, Edgarto va a estar bien.
Avilda Puentes. ¿Podrías venir un segundo a nuestra recámara?
Solange Dorado. ¿Paso algo?
Avilda Puentes. Sí, es un asunto de Recursos Humanos. Pienso que deberías hablar con mi hermana. Ella se queda mal si vos te vas así. Ella te tiene mucho aprecio.
Solange Dorado. (Disponiéndose a salir.) Ay. Sí. Por supuesto. Edgarto, vamos a tener que seguir hablando en otro momento. Cuando pueda, deje el morrón en su almohadoncito, ¿sí?
Edgarto Monapetuchi, tras la salida de Solange Dorado, tras un breve instante de abatimiento, desidia o sufragio, velozmente alza el morrón en brazos y nervioso sale al pasillo.
31. ENCUENTROS [Pasillos]
Edgarto Monapetuchi encaminándose hacia el Sector A2 se encuentra con Eclodoro Muñoz desmoronado, por el piso.
Edgarto Monapetuchi. (Que esconde al morrón cantor detrás suyo.) ¡Inspector W.O.K. Grimpin! Tremendo gusto conocerlo, me llamo Edgarto Monapetuchi, un gusto, ¡es mío!
Eclodoro Muñoz. ¿Cómo dice?
Edgarto Monapetuchi. El gusto, es mío. ¿Cómo está? Me alegro, no sabe cuánto me alegro de que comiera rico. ¿Comió rico? Me toca limpiar, le dejo un saludo.
Eclodoro Muñoz. ¿Está bien? Yo no soy el Inspector Gri/ un gusto en conocerlo también. Soy el Inspector W.O.K. Grimpin, ¿Por qué no?
Edgarto Monapetuchi. Le dejo Inspector, que tenga buena visita. (Ingresa al Sector A2.)
Eclodoro Muñoz recorre el pasillo a sus anchas, mira alrededor, espera, recuerda que perdió a F. Fonsi de vista, se dispone a explorar la nave. Llega Avilda Puentes.
Eclodoro Muñoz. Inspector W.O.K. Grimpin, encantadísimo en conocerla. Usted es…
Avilda Puentes. Avilda Puentes, encantada.
Eclodoro Muñoz. ¿Está bien?
Avilda Puentes. Estoy un poquito compungida, ya se me pasa. ¿Cómo estuvo la comida?
Eclodoro Muñoz. Muy rico todo, la verdad… exquisito el cangrejo.
Avilda Puentes. Cangrejo, pito largo. (Se avergüenza.) Es un cangrejo de un planeta en la región del Congo, son cangrejos pito largo, discúlpeme que diga pito cuando recién lo conozco. No estoy haciendo ningún tipo de referencia a sus órganos genitales ni estoy imaginándomelos ahora mismo, sino que realmente les llaman los cangrejos pito largo.
Eclodoro Muñoz. (Que se hace el chistoso.) Será porque la tienen larga.
Avilda Puentes. La tienen larga, es así.
Eclodoro Muñoz. Bueno, la verdad, muy rico el pito largo del cangrejo.
Avilda Puentes. Es una delicia. (Pausa.) Inspector Grimpin. No quisiera incomodarlo, pero ¿qué hace acá solo en el pasillo?
Eclodoro Muñoz. Estaba con mi asistente. (Se tienta.) Disculpe.
Avilda Puentes. (Tentada.) ¿Le pasa algo?
Eclodoro Muñoz. No, es que/
Avilda Puentes. El cangrejo.
Eclodoro Muñoz. (Riendo.) Sí. Disculpe.
Avilda Puentes. No pasa nada, es muy divertido. (Tentada.) Me decía de este muchacho. ¿Cómo se llama?
Eclodoro Muñoz. (A las risas.) Vergara. Estaba con mi asistente Vergara y/
Avilda Puentes. (A las risas.) Parecemos niños.
Eclodoro Muñoz. Estaba con mi asistente y un, compañero suyo, algo tímido pero muy buena gente.
Avilda Puentes. Edgarto Monapetuchi.
Eclodoro Muñoz. Daniel Zans. Ese era su nombre.
Avilda Puentes. Se los confunde, usted está hablando de Edgarto Monapetuchi.
Eclodoro Muñoz. Estoy seguro de que no, pero todo puede ser, la cuestión es que se fueron y no puedo encontrarlos. Usted los vio señorita…
Avilda Puentes. Avilda.
Eclodoro Muñoz. Qué lindo nombre.
Avilda Puentes. Ay, le agradezco, me lo puso mi madre. (Pausa.) Y ¿dónde están?
Eclodoro Muñoz. No tengo idea. Los estoy esperando. Hago tiempo con usted.
Avilda Puentes. ¿Querría ir al comedor, tomar algo?
Eclodoro Muñoz. Le diría que sí, y me da vergüenza preguntarle, pero ¿dónde queda el baño? Estoy aflojadísimo por dispensar.
Avilda Puentes. Por esa puerta acede al Sector A4, va a ver una puerta, la única puerta, ahí está el baño más cercano, sino ya tendría que subir un piso.
32. ACOSO [Recámara de las hermanas Puentes]
Donde Solange Dorado y Guillermina Puentes siguen una conversación.
Solange Dorado. Lo que me estás diciendo es de carácter anticipado.
Guillermina Puentes. Todo lo antelado responde a una cordialidad espantosa, rugosa. Es porosa la paciencia y un día el agujero se llena y la piel estalla quebrándose retraída a su futuro crecimiento. No sé si creer en ese incremento, ni en el desarrollo, ni en la abundancia, Solange. ¿Qué te obliga a poner entre nosotras murallas? Mirame a los ojos y decime que no entendés lo que te digo.
Solange Dorado. No entiendo lo que me decís.
Guillermina Puentes. Decime que no entendés de lo que te hablo cuando te digo que sos la formalidad personificada, que no puede ser que todo esté prestablecido por la costumbre, que si odiás tanto la idea de la familia no deberías seguir las fórmulas de esos patrones geométricos que te llevan a preguntarme cómo estoy cuando te estoy diciendo que no te soporto más, que no soporto más todo esto y cuando te lo estoy diciendo, obligada por mi hermana que me ve mal y encima te trae a vos porque no sabe contenerme. Decime enserio que no me entendés y voy a empezar a pensar que todo trata de fenómenos paraeidólicos despiadados y voy a esmerarme realmente en interpretar calor por frío y vivir a dentro de un balde de agua congelada creyendo que es una piscina termal. ¡Decime!
Solange Dorado. Hace un rato... dijiste algo de que me habías fantaseado.
Guillermina Puentes. (Intimidada.) Si, Solange, alguna vez, te fantaseé.
Solange Dorado. ¿Sexualmente?
Guillermina Puentes. Sí, Solange, yo qué sé. Sí, claro.
Solange Dorado atina a besar a Guillermina Puentes que la aparta.
Guillermina Puentes. ¿Te volviste loca? ¡Sos mi jefa!
Solange Dorado. Ay, disculpame. No sé qué, pensaba que. Siempre sentí que yo era demasiado retraída, que no me permi/ (En respuesta a que Guillermina Puentes se levante y se vaya.) Chiquita, no, disculpame. ¿A dónde vas?
TERCER ACTO: UNA JORNADA AJETREADA
33. ESCONDITE [Baño del Sector A4]
Eclodoro Muñoz es ingresado al baño por F. Fonsi. Ni bien se cierra la puerta, Avilda Puentes ingresa al Sector A4 encaminándose a la puerta del baño.
34. HUÍDA [Pasillos]
Guillermina Puentes, se pierde de vista por los pasillo. Recorre la nave hasta eventualmente salir al Asteroide. Solange Dorado, que había salido detrás de ella, indecisa, aguardará ante la múltiple opción de puertas por las que ingresar.
35. CONFECCIÓN [Sector A4]
Avilda Puentes golpea la puerta del baño un par de veces. Eclodoro Muñóz escupe a Daniel Zans del baño.
Avilda Puentes. ¿Daniel Zans?
Daniel Zans. ¡Avilda Puentes!
Avilda Puentes. En ese baño estaba el Inspector.
Daniel Zans. Él salió y entré yo.
Avilda Puentes. Pero/
Daniel Zans. Avilda, necesito decirle algo.
Avilda Puentes. Estoy segura de que/
Daniel Zans. Si algo me llegara a pasar/
Avilda Puentes. ¿Qué iría a pasarle, Zans?
Daniel Zans. Yo estoy enamorado de usted.
Avilda Puentes. No me tome el pelo, Zans.
Daniel Zans. Le digo en serio. Lo de Solange es algo menor, no es posible tener algo orgánico con ella, ¿me entiende? Yo a usted la miro y me entra gana de cazarla, de casarnos, de fecundarla y de verla parir arriba de su escritorio sosteniendo su microscopio.
Avilda Puentes. Sos un asco, ya te lo dije varias veces, sos un asco.
Daniel Zans. Rodeada de plantas, la sueño desnuda y rodeada de plantas/
Y ahora sí, Solange Dorado, que se decidió por la puerta de nuestro querido Sector A4, ingresa apuradísima a informar de lo sucedido con Guillermina Puentes.
Solange Dorado. (Se enlentece.) La verdad no sé qué hacer con tu hermana.
Avilda Puentes. ¿Qué pasó?
Solange Dorado. No sé, se fue, salió corriendo, creo que, creo que hice mal mi trabajo.
Avilda Puentes. Ay, Solange. (Se va al pasillo donde ―seguramente―, quedará estancada en busca de una decisión sobre qué puerta abrir.)
Solange Dorado. Daniel…
Daniel Zans. Solange, te hablaría, pero tengo que ir al baño, en serio, tengo que ir.
36. SECUESTRO [Baño del A4]
Apretujados.
F. Fonsi. Miren quién volvió. Muy bien, Zans. Te portaste muy bien, ahora te vamos a dar una recompensa. ¿Quiere recompensa, el Danote?
Eclodoro Muñoz. ¿En qué momento te transformaste en villano, Fonsi? Estamos trabajando acá.
F. Fonsi. ¿Trabajando y después me hacés comer cebolla tres meses?
Eclodoro Muñoz. No te hago comer cebolla, estuvimos bollando tres meses por el espacio sin conseguir nada para morfar. Tuvimos que comérnoslas.
F. Fonsi. ¿De qué sirvió haberlas rescatado si nos las íbamos a comer?
Eclodoro Muñoz. Me recriminás.
Daniel Zans. Y está bien que lo recrimine, si son unos hipócritas. Después dicen ser caníbales. Por qué no se comieron los brazos.
F. Fonsi. Por eso es que le voy a dar una recompensa. (Con el rayo láser en la cabeza.) ¿El Danote se venía portando bien y ahora se porta mal?
Eclodoro Muñoz. Dejalo tranquilo, pobre, debe estar viviendo una situación de estrés.
F. Fonsi. Lo bueno es que se debe haber distraído de todo aquello de la potra. Ahora el único dilema romántico que tiene es un buen síndrome de Estocolmo.
Daniel Zans. En realidad, tengo la capacidad de pensar en lo que me importa mientras existo. Puedo estar haciendo algo, cualquier actividad, estando secuestrado en un baño, y simultáneamente, organizando un plan de acción para llevar adelante el dispositivo que daría lugar a una vida afectiva aceptablemente coherente.
F. Fonsi. Te lo dije. ¿Ves las estupideces que dice? No nos toma en serio. Pasame el papel higiénico.
Eclodoro Muñoz. ¿Para qué querés el papel higiénico?
F. Fonsi. Dame el rollo.
Eclodoro Muñoz. Decime para que lo querés, enfrente mío no vas a hacer caca.
F. Fonsi. Te encantaría.
Eclodoro Muñoz. Decime para que lo querés y te lo alcanzo.
F. Fonsi. Se lo voy a poner en la boca al Dano.
Eclodoro Muñoz. Después querés que te tome en serio vos.
Daniel Zans. En realidad, lo estoy tomando mucho más en serio que antes, aunque me imagino que lo que quiere hacer es algo semejante a hacerme morder el rollo, si agarrara una cantidad exagerada de papel y la mojara con agua, yo podría pasarla bastante mal.
F. Fonsi. No des ideas vos. No voy a hacer eso. Es horrible degustar papel higiénico mojado. No le haría eso a nadie. Ni a mi peor enemigo. ¿Sabés de dónde viene el papel? (Apuntando a Daniel Zans con su pistola.). ¿Sabés de dónde viene? (Desmoronándose.) De las plantas.
Eclodoro Muñoz. No te desmoronés. ¿Me podés explicar qué clase de impedimento físico no te permite acercarte hasta acá y agarrar el papel higiénico sin mi ayuda?
F. Fonsi. Es porque quiero que colabores con algo.
Eclodoro Muñoz. ¿Con meterle al Dano papel higiénico por la boca?
F. Fonsi. No se lo iba a meter en la boca, me lo iba a guardar para darle entierro.
Eclodoro Muñoz. En el culo te lo vas a enterrar dentro de un mes cuando estemos bollando por el espacio de vuelta y no tengas con qué limpiarte.
F. Fonsi. Solo quiero que colabores. Es la tercera vez que arruinás nuestros planes en un trimestre. Si los chistes homo eróticos van a impedirte trabajar, sería bueno que empieces a considerar nuevas estrategias. Si hicieras algo bien, la cosa se desarrollaría sustentablemente. Pero te quedás atrás.
Eclodoro Muñoz. Vení a buscarlo.
F. Fonsi. No dudes que voy a ir a buscarlo. Voy cuando quieras.
Eclodoro Muñoz. Vení, cagón.
F. Fonsi. Vení vos.
Eclodoro Muñoz. Yo no tengo problema en ir.
F. Fonsi. Dale, vení. Te espero.
Daniel Zans. Están uno al lado del otro.
37. DELIRIO [Pasillos]
Efectivamente Avilda Puentes había quedado petrificada en la duda a la espera de poder decidir por qué puerta ir. Se decide por la del Sector A2. Edgarto Monapetuchi rodeado de cebollas, canta lo mismo que cantaba el morrón cantor.
Avilda Puentes. Edgarto, ¿no viste a Guillermina? Se sentía mal y no la encuentro.
Edgarto Monapetuchi. ¿Sabe que es lo raro? Me dio una corazonada, yo algo olí, lo supe. Voy a ver que hay en el bolso del Inspector Grimpin y ¿qué hay?, ¡cebollas, Avilda! Montones de cebollas. Ni un solo ajo, es verdad, ¡pero montones de cebollas!
Avilda Puentes se retira sin decir nada. Edgarto Monapetuchi sigue haciendo lo que hacía. Avilda se pierde por los pasillos de la nave.
38. PAPELES [Baño del A4]
Eclodoro Muñoz, sobre F. Fonsi, le mete el papel higiénico por la boca. Daniel Zans, contemplándolos sobre el inodoro, se escabullirá fuera del baño en el correr de su discusión.
Eclodoro Muñoz. ¿Qué decís? (Le saca el rollo de papel higiénico de la boca.) Decime.
F. Fonsi. (Tras una inhalación profunda.) Te encanta meterme este rollo de papel higiénico por la boca, ¿no?
Eclodoro Muñoz con regusto saca largas tiras de papel higiénico y se las mete por la boca, se detiene, se aparta, se quiebra de espaldas a los otros dos.
F. Fonsi. (Tras desembucharse, apuntando a Eclodoro Muñoz con la pistola.) Ya está Eclodoro, ya tuvimos nuestro jueguito, tuviste tu coqueteo. ¿Vamos a hacer lo que tenemos que hacer?
Eclodoro Muñoz. ¿Y qué tenemos que hacer, Fernando?
F. Fonsi. No me digás Fernando.
Eclodoro Muñoz. Te digo como se me canta el forro de las pelotas, Fernandito Fonsi, Fernando Fonsi, Feronci Fonce, Fersi, F.F., Fernandino Fonsi. Zans, esa pistola es de mentira. Somos dos farsantes, perdimos las convicciones, Fonsi.
F. Fonsi. ¿Qué decís?
Eclodoro Muñoz. Hay que admirarlo a él. No puede con sus sentimientos, no le puede decir a esa mujer que la ama, pero lo piensa y lo sabe. Vos a mí no me decís nada. No me decís que me amás.
F. Fonsi. Es que no te amo.
Eclodoro Muñoz. Voy a darte un beso.
F. Fonsi. Dale, vení si te animás.
Eclodoro Muñoz. Mirá que voy.
F. Fonsi. Vení.
39. RARO [A4]
Solange Dorado circunda el área del almohadón que supo albergar al morrón cantor algo preocupada. Daniel Zans que había salido del baño contrariado, se aproxima en silencio.
Solange Dorado. Ah, Daniel. ¿Viste a Edgarto? El morrón, simplemente no está, se lo llevó.
Daniel Zans. Qué raro.
Solange Dorado. Estoy segura de que fue Edgarto, se la pasa el día delirando con el pimiento, te juro que no lo entiendo. (Sentándose cansada.) Ay, te juro que no doy más con este jornada. ¿Qué hora es?
Daniel Zans. Van a dar las diez. Ahora que lo decís, hoy creo haberlo visto tirado arriba del morrón, creo que, creo que estaba llorando.
Solange Dorado. No entiendo qué pueda significar ese morrón para él, qué luces le pueda prender o lo qué será lo que le diga. Es raro, peculiarmente raro, podría anotarse a un concurso. Yo le hablaba, le desnudaba el alma confesándole todo lo que yo pensaba de su persona, y él ahí. Hasta le dije que lo mandaríamos a otra división, y él tirado arriba del morrón. ¡En silencio! No sé si sería lamento, si estaría recapacitando. Me parece un misterio.
Daniel Zans. Dijiste dos veces que era raro.
Solange Dorado. Es que es indiscutiblemente raro, Daniel. Me preocupa.
Daniel Zans. Hoy fue raro, en general. Raro.
Solange Dorado. Ni me digas, todo escaló muy rápido, la chiquita, el Inspector, yo…
Daniel Zans. ¿Es verdad lo que me dijiste?
Solange Dorado. ¿Cómo?
Daniel Zans. Hace un rato, dijiste que me amabas. Yo no sabía que... que alguien como vos podía amar.
Solange Dorado. ¿Por mi egocentrismo? Por eso que dice la chiquita de que tengo delirio de grandeza.
Daniel Zans. No, no. Porque/ No importa. Mirá, a mí me pasa lo mismo, pero/ Creo que, creo que estoy enamorado/
Solange Dorado. ¿En serio?
Daniel Zans. Si, Solange yo estoy enamorado/
Eclodoro Muñoz, grita al ser mordido F. Fonsi.
Solange Dorado. ¿Qué fue eso?
Daniel Zans. Deben ser las tuberías, están chillando. ¿Qué me decías?
Solange Dorado. Quiero hacerme un tatuaje en la espalda. Conozco un tatuador, no tan lejos, me debe un favor, es de la pandilla de/.
Daniel Zans. Vamos ahora. Sería un paseo,
Solange Dorado. ¿Ahora?
Daniel Zans. Sí, le decimos a Avilda que queda en la región de las dromedarias.
Solange Dorado. ¿Ahora? ¿En serio? Pero ¿y el Inspector?
Insultos y denigraciones se desprenden desde los interiores del baño.
40. REHENES [El A4 y su baño]
Solange Dorado. ¿A quién amás, Daniel? ¿Quién está ahí? ¿Con quién estabas? No me digas que/
Daniel Zans. No es lo que parece, Solange.
Solange Dorado. ¿Es el Inspector?
Daniel Zans. Me tienen como rehén.
Solange Dorado. ¿De qué hablás, Daniel? Si estás hablando conmigo.
Daniel Zans. No eran inspectores, son de la M.L.A.
Solange Dorado. ¿Cómo? Hay que hacer algo, andan sueltos por la nave.
F. Fonsi. (Desde el baño.) No estamos sueltos por la nave. Estamos encerrados en el baño. Ya se lo dijo.
Solange Dorado. ¿Son dos?
Daniel Zans. Muñoz y Fonsi. Están armados.
Solange Dorado. Muñoz y Fonsi… Daniel, yo soy un arma. Donde lleguen abrir la puerta los liquido.
Daniel Zans. (Extremadamente dramático.) A veces me olvido.
Solange Dorado. ¿Te olvidás?
Daniel Zans. Y sí, Solange, me olvido.
Solange Dorado. Anímense a salir ahora que estoy acá. Así me gustan, calladitos. ¿Lo tenían a punta de pistola? (Lo besa.) Pobrecito. Daniel, por todo lo que tuviste que pasar.
Daniel Zans. Solange yo estoy enamorado de/
Avilda Puentes, que recorría los pasillos, ingresa al A4.
Avilda Puentes. No encuentro a mi hermana por ningún lado, Solange. Tengo miedo de que/ ¿Qué está pasando?
Solange Dorado. El Inspector no era el Inspector, Avilda. Son de la M.L.A. Nos engañaron. Pero quedate tranquila que enseguida lo soluciono.
Eclodoro Muñoz. (Desde el baño.) ¡Avilda!
Daniel Zans. ¿Se conocen?
Avilda Puentes. Tuve un breve intercambio, sí.
F. Fonsi. (Desde el baño.) ¿Quién es Avilda?
Avilda Puentes. ¿Te dejaste de hacer el imbécil, Daniel?
Solange Dorado. No le hables así a Daniel, lo tenían secuestrado.
Avilda Puentes. No me importa. Guillermina está mal, Solange, temo que haya querido salir de la nave/
Solange Dorado. Tranquila, Avilda, no puede irse a ningún lado. No es que pueda poner en marcha la nave de estos dos que tenemos encerrados, ni nada por el estilo.
Eclodoro Muñoz. (Abriendo la puerta.) ¿Nuestra nave?
F. Fonsi. Nuestra nave no, ¿eh? Es nuestro único patrimonio.
Daniel Zans, inmediatamente se propone como rehén volviendo a los brazos de los ex infiltrados.
F. Fonsi. Muy bien, Danote.
Solange Dorado. ¿Qué hacés, Daniel?
Daniel Zans. Tengo síndrome de Estocolmo. Ser rehén me da cierta tranquilidad.
Solange Dorado. ¿Tranquilidad?
Daniel Zans. Me da espacio para pensar.
Eclodoro Muñoz. No lo juzgue, el Danote se encariñó.
F. Fonsi. Disfruta tener esta pistola en su cabeza.
Solange Dorado. No le toqués la cabeza.
F. Fonsi. Le estoy tocando la cabeza.
Solange Dorado. Te lo estoy advirtiendo.
F. Fonsi. Me lo advertís y yo se la sigo tocando.
Solange Dorado. Bajo tu propia responsabilidad.
F. Fonsi. Bajo mi propia responsabilidad, sí.
Eclodoro Muñoz. Bueno.
F. Fonsi. Bueno, ¿qué? ¿Te molesta que hable con otras personas?
Avilda Puentes. Solange, ¡mi hermana!
Solange Dorado. No puedo resolver dos problemas en simultáneo como si fueran uno.
Eclodoro Muñoz. Disculpe, señora, arma de guerra, pero en verdad, sí, son uno. Si la hermana de su maravillosa compañera de trabajo/
F. Fonsi. Maravillosa compañera.
Eclodoro Muñoz. /llegara a dar con nuestra nave y deseara irse a cualquier otro lugar de la galaxia, podría hacerlo.
F. Fonsi. Sí, verán, como estrategia de escape siempre dejamos el motor prendido.
Avilda Puentes. Solange.
Solange Dorado. Guillermina no sabe manejar una nave, Avilda.
Eclodoro Muñoz. Nosotros tampoco.
F. Fonsi. Es bastante intuitiva, la verdad. Adelante, atrás, arriba, abajo.
Eclodoro Muñoz. Más rápido, más lento.
F. Fonsi. Vamos, abranos el paso, llévenos.
Solange Dorado. Te voy a reventar la cabeza. Si no fuera porque estás sosteniendo a Daniel, lo haría.
Eclodoro Muñoz. Vamos, vamos. Ustedes adelante, nosotros atrás.
41. DELEGACIÓN [Pasillos]
En formato delegación, recorren la nave.
Avilda Puentes. Huele como a cebolla.
Daniel Zans. Como a cebolla, ¿no?
F. Fonsi. Sobrevivimos hace tres meses comiendo cebollas, es a lo mínimo que podemos oler.
Solange Dorado. Yo no huelo nada.
Avilda Puentes. No podés oler, vos, Solange.
F. Fonsi. Es un hedor muy fuerte, como si estuvieran asesinando, es repulsivo.
Avilda Puentes. Ah, pero. Hay como olor a… Sí, como, como a… como olor a tuco.
Eclodoro Muñoz. Lamento mucho lo que le pasó a su hermana.
Avilda Puentes. No sabemos todavía si le pasó algo, pero le agradezco, es usté tan gentil.
Solange Dorado. Cuidado con la cabeza de Daniel.
F. Fonsi. ¿Por qué le importa tanto el Dano a usted?
Solange Dorado. Eso no es de su incumbencia, bicho asqueroso.
F. Fonsi. Al Dano no pareciera importarle tanto.
Eclodoro Muñoz. El Dano nos comentó que estaba enamorado, Solange.
Solange Dorado. Ay, Daniel.
F. Fonsi. ¿Qué le pasa, Danote? ¿No quiere que hablemos de esto?
Daniel Zans. Se los conté en confianza.
F. Fonsi. Y ahora estamos todos en confianza, ¿no te parece? Unidos sean los rivales para hablar en medio del espacio del amor.
Eclodoro Muñoz. Qué romántico que te ponés.
F. Fonsi. Vale la ocasión. Porque el Danote todavía no se animó a confesarse.
Solange Dorado. Déjenlo tranquilo.
Daniel Zans. Solange, no. No te preocupés, yo estoy bien. Vos, solo no, no los escuches.
F. Fonsi. ¿Qué no nos escuche, Dano?
Eclodoro Muñoz. A mí me entra y me pica el bichito de la curiosidad y me pregunto: ¿Qué piensa una persona tan benevolente como Avilda de todo esto?
Avilda Puentes. Pienso que llegamos, ¿sí? No hagan de esto algo más difícil. No tienen por qué meterse en nuestras vidas personales. Se meten en su nave, si está mi hermana me la dan y se van.
Solange Dorado. Avilda…
Avilda Puentes. Y te recomiendo que no te metas con Solange, porque de verdad, esta tipa, te mata.
42. NEGOCIACIÓN [Asteroide]
A la intemperie espacial, todos llevan cascos, menos Solange.
F. Fonsi. Qué tranquilidad, Eclodoro, nuestra nave.
Eclodoro Muñoz. Te dije que esta vez todo iba a salir bien.
F. Fonsi. No conseguimos hacernos del morrón, imbécil.
Eclodoro Muñoz. Pero la repetidísima/
F. Fonsi. Pará, pará. Todavía tenemos al Dano/
Guillermina Puentes, salida de los interiores de una rocosidad o cráter, en un movimiento de llave maestra le quita la pistola pulverizadora a F. Fonsi.
F. Fonsi. Ahora sí, podés decirlo.
Eclodoro Muñoz. Pero la repetidísima semilla del árbol…
Solange Dorado. No te vayas a volver a acercar a esos dos, Daniel.
Avilda Puentes. ¡Guillermina, no!
Guillermina Puentes. Ah, te da miedo, hermana.
Solange Dorado. ¡Ustedes quietos! Guillermina, bajá el arma, me encargo yo.
F. Fonsi. Es de mentira la pistola.
Guillermina Puentes. Te agachaste. No es de mentira se agachó.
F. Fonsi. Fue un acto reflejo.
Eclodoro Muñoz. No le haríamos daño a nadie, por favor, déjenos ir. No hicimos nada.
F. Fonsi. Sí, no llegamos a hacer nada.
Guillermina Puentes. No sé ni quienes son.
Solange Dorado. Son de la M.L.A.
Guillermina Puentes. ¿La M.L.A.?
Avilda Puentes. Sí, Guillermina, la M.L.A. Bajá el arma.
Guillermina Puentes. Me la pongo en la cabeza.
Solange Dorado. Sacate el arma de la cabeza, chiquita.
Guillermina Puentes. Me quisiste besar. Me quiso dar un beso, Avilda.
Avilda Puentes. Guillermina.
Guillermina Puentes. Guillermina, Guillermina. Basta, Avilda, ¡basta! ¡Me quiso dar un beso este robot que tenemos por jefa!
Daniel Zans. No le digas robot a Solange.
Avilda Puentes. ¡Guillermina, sacate eso de la cabeza!
Solange Dorado. Es verdad lo que dice la chiquita.
Guillermina Puentes. ¡Chiquita! No soy chiquita.
Solange Dorado. Sos diminuta.
Guillermina Puentes. Tengo un arma.
Avilda Puentes. Es más grande que vos.
Eclodoro Muñoz. Es de mentira.
F. Fonsi. Ya les dijimos cuatro veces.
Solange Dorado. Tenés razón, chiquita, me equivoque.
Guillermina Puentes. No me digas más chiquita o me mato.
Avilda Puentes. Es de mentira el arma, Guillermina.
Guillermina Puentes. Vos sos de mentira.
Avilda Puentes. ¿Qué decís?
Guillermina Puentes. Bueno, ella es de mentira. Todos son de mentira.
Solange Dorado. Chiquita…
Guillermina Puentes. Me mato acá mismo, me voy a matar.
Avilda Puentes. Gatillá, a ver.
Guillermina Puentes. ¿Cómo me vas a decir eso?
Avilda Puentes. Guillermina, es falsa esa pistola.
Guillermina Puentes. ¿Y si no es falsa? ¿Y si me muero? Si me muero acá en medio del espacio ¿qué vas a hacer? ¿Vas a llorar? Vas a decir: «ay, pobre mi hermana, se murió porque me hizo caso como me hace caso siempre porque yo soy una villana que no quiere que ella haga nada, nada de nada. Que se quede quieta, se pudra como un hongo y que se cague de frío».
Avilda Puentes. Guillermina, no podés entender el tenor de la situación. Esto no trata de vos, tenemos en frente dos criminales buscados.
Guillermina Puentes. ¿Qué van a hacer dos criminales con un arma de mentira que encima tengo yo?
Avilda Puentes. Vos lo dijiste, no sabemos si es de mentira.
Eclodoro muñoz. Es de mentira.
F. Fonsi. Sí, tan solo los entretuvimos.
Guillermina Puentes. Voy a probar.
Avilda Puentes. Por favor, Guillermina.
Guillermina Puentes. Decís una vez más mi nombre y lo hago.
Avilda Puentes. Guillermina…
Guillermina gatilla y cae al suelo.
Daniel Zans. ¡Guillermina, no!
Silencio.
Eclodoro Muñoz. La concha de la lora.
F. Fonsi. No seas estúpido.
Eclodoro Muñoz. No sé, dudé.
F. Fonsi. Tené compostura.
Daniel Zans atina a hacerle respiración boca a boca a Guillermina Puentes, Avilda Puentes lo saca y a cambio recibe un beso, ella lo golpea.
Daniel Zans. Casi se me sale por la boca el corazón.
F. Fonsi. ¿Pensaste que mentíamos, Dano?
Eclodoro Muñoz. Yo siempre digo, ante el trabajo de oficina, ¿qué mejor que un encuentro con la M.L.A.?
F. Fonsi. ¿Qué hace? ¿Por qué frunce el ceño así?
Guillermina Puentes. (Incorporándose.) Lo estuve pensando y no me voy a ir, Avilda.
Avilda Puentes. ¿Cuándo lo estuviste pensando?
Guillermina Puentes. Me quedo. Me quiero quedar acá y quiero vivir, pero solo pongo una condición. A partir de ahora, no me vas a tratar nunca más como una niña. Cuando Solange no quiera compartirme su estufa y yo le diga que es una egoísta, vos no vas a decir nada. Me vas a dejar que me desenvuelva sola porque seré tu hermana, pero también soy tu compañera de trabajo. Y soy así, soy la compañera de trabajo que te tocó y así es también tu hermana. Yo digo lo que me parece y de la manera que me parece.
Solange Dorado. Guillermina.
Guillermina Puentes. ¿Solange?
Solange Dorado. Te prometo que vamos a hablar de la posición de la estufa en el Sector, ¿sí? Ahora te pido que te hagas a un lado, ¿te parece?
Avilda Puentes. Fue un gusto conocerlo, Inspector.
Eclodoro Muñoz. Eclodoro Muñoz, el gusto fue mío.
Avilda Puentes. ¿Usted es Eclodoro Muñoz?
F. Fonsi. Vivito y coleando.
Eclodoro Muñoz. ¿Me conoce?
Avilda Puente. No por mucho, pero… encantada.
Daniel Zans. Les recomendaría que corran.
Eclodoro Muñoz. No veo por qué correr.
Avilda Puentes. Los va a pulverizar.
F. Fonsi. Pruébenlo otra vez. No mentimos.
Eclodoro Muñoz. La pistola es una réplica, ya lo dijimos.
Guillermina Puentes. Solange, me parece que no es necesario.
Solange Dorado. Chiquita, te agradecería si te corrieras, contigo ahí no me puedo concentrar. Te parecerá que soy brillante y que puedo hacerlo todo, pero lo cierto es que para pulverizar a alguien una requiere de cierta concentra/
Guillermina presiona un botón en la cabeza de Solange. Solange se… apaga.
Daniel Zans. La desconectaste.
F. Fonsi. ¿La desconectó?
Avilda Puentes. La apagó.
Eclodoro muñoz. ¿La apagaste?
Guillermina Puentes. La apagué.
Daniel Zans. Solange es maquínico-biológica.
F. Fonsi. Iba a pulverizarnos en serio.
Guillermina Puentes. ¿No tenés nada para decir?
Avilda Puentes. Guillermina.
Guillermina Puentes. ¿Qué?
Avilda Puentes. Soy yo la que se va.
Guillermina Puentes. ¿A dónde?
Avilda Puentes. Me voy. Me voy con ellos.
F. Fonsi. ¿Con nosotros?
Eclodoro Muñoz. Espacio de sobra tiene nuestra nave.
Avilda Puentes. A mí me hacen falta aventuras. Vos inspeccionas cada mundo al que nos acercamos. Te comunicás con los habitantes de todos lados, vivís cientos de vidas. Este es el trabajo ideal para vos. Ahora yo, con mi microscopio en una oficina… no sé si es lo que esperaba cuando me hice herbóloga. No sé si quería tener por jefa a este robot.
Guillermina Puentes. No es un robot.
Avilda Puentes. Ni sé si esta sea la mejor forma de ejercer una profesión. Estos muchachos viven aventuras.
Eclodoro Muñoz. Muchas aventuras vivimos.
F. Fonsi. Ella no va a venir con nosotros.
Eclodoro Muñoz. Va a venir, sí.
Avilda Puentes. Me parece bueno empaparme de todo eso que ves.
Guillermina Puentes. Podrías ir conmigo, adentrarte en los planetas.
Avilda Puentes. Hermana Puentes.
Guillermina Puentes. Hermana Puentes, dije todo lo que dije en un acto de pasión y de locura, no pienso verdaderamente nada de eso. No quiero que te mueras bajo ningún término. Me gusta que comamos galletitas juntas en la cama y/
Avilda Puentes. Guillermina.
Guillermina Puentes. ¿Entonces te vas?
Avilda Puentes. Si me lo permiten.
Eclodoro Muñoz. Serás bienvenida en nuestra nave.
F. Fonsi. No lo será.
Eclodoro Muñoz. Lo será.
F. Fonsi. Entonces yo me quedo.
Eclodoro Muñoz. Quedate si te animás.
F. Fonsi. Me animo.
Eclodoro Muñoz. No hay trabajo para vos, sos un criminal buscado.
Avilda Puentes. Podría arreglarse. Sospecho que no tendrán una sino dos vacantes.
Daniel Zans. Solange dijo que iba a despachar a/
Edgarto Monapetuchi aparece repentinamente alunado, aledaño, al instante.
Edgarto Monapetuchi. Me comí al morrón. Lo preparé, lo probé, lo degusté y ahora lo entiendo todo.
F. Fonsi. ¿Te lo comiste? Listo, ven, es como si hubiese pasado la entrevista laboral. Si este tarado podía trabajar con ustedes, yo quedo inmediatamente contratado.
Daniel Zans. Avilda…
Avilda Puentes. No vengas a hincharme las tetas a mí, Daniel Zans. Me alegra pensar que dos varones se hayan interesado en mí en el correr de noventa minutos, de repente una se siente radiante, como Solange, capaz de todo. Lo admito, el ego me lo subís, pero no me hiches a mí, Daniel, que, además, ya nos contó a todos Solange que lo que más te gusta de mí es mi microscopio.
Daniel Zans. No, eso es porque no podía/
Avilda Puentes. Te hubieses conseguido una vulva de goma, entonces. Andar jugando con alguien como Solange. ¡La confundís!
Daniel Zans. Yo de verdad no quise.
Avilda Puentes. Solange será un robot, pero/
Edgarto Monapetuchi. Pero no se merece ser tu muñeca inflable ni nada. Guillermina, encargate de informarle de todo esto a Solange una vez que le prendas el wifi. Nos vamos.
Avilda Puentes. ¿Eh? Eso es lo que iba a decir yo.
Edgarto Monapetuchi. Les digo que puedo verlo todo.
Eclodoro Muñoz. ¿Entonces nos vamos?
Avilda Puentes. Edgarto, ¿cómo sabías lo que iba a decir?
Edgarto Monapetuchi. Les vengo diciendo, el morrón.
F. Fonsi. El morrón era lo más próximo a una deidad, excede la linealidad del espacio tiempo, es todo, está en todas partes a la vez.
Edgarto Monapetuchi. Al fin alguien que me entiende.
F. Fonsi. No tardará en salir de tu organismo. Para mañana, se acabó lo que se daba, dispensas y todo vuelve a la normalidad.
Avilda Puentes. Me quedo.
Eclodoro Muñoz. ¿Cómo que te quedás?
Avilda Puentes. Sí. Eclodoro, vas a tener que disculparme, pero me quedo.
Eclodoro Muñoz. Teníamos algo pactado.
Avilda Puentes. Cambié de opinión. Tengo mucho en lo que trabajar. Empezaremos analizando la experiencia de Edgarto, y volveremos al Nuevo Plutón a estudiar el entorno del morrón, y esta vez, hermana, bajaré contigo, ¡trabajaremos juntas!
Guillermina Puentes. ¿En serio te quedás?
Avilda Puentes. Me quedo.
Guillermina Puentes. Qué alegría, hermana.
Eclodoro Muñoz. Muy bien, me rindo.
Daniel Zans. ¿Qué?
F. Fonsi. Entonces yo me voy.
Eclodoro Muñoz. Otra vez unidos, Fonsi. Qué felicidad, a nuestra próxima misión.
F. Fonsi. (Lo abraza.) Callate, imbécil.
Guillermina Puentes. ¿Prendo a Solange?
Avilda Puentes. Digámosle que… el morrón cayó en manos de la M.L.A., que se infiltraron y que lo consiguieron.
Guillermina Puentes. ¿Los dejamos ir, hermana?
Daniel Zans. Tu hermana es una mujer de palabra.
Avilda Puentes. Váyanse, andate. Daniel, ¿te encargás de Solange?
Daniel Zans. Por supuesto, Avilda.
Eclodoro Muñoz. Avilda, se lo agradezco de corazón.
F. Fonsi. ¿Nos vas a extrañar, Dano?
Daniel Zans. Hasta luego, Fernando.
Eclodoro Muñoz. Vámonos, Fernando.
Daniel Zans enciende a Solange.
Solange Dorado. M. Ah. Uh. Estoy mareada. Perdí señal.
Daniel Zans. Tuvimos que traerte hasta afuera para que agarraras antena. Enseguida te recomponés.
Solange Dorado. Es horrible cuando pasa esto, chiquita. La pérdida de memoria es de lo peor que puede pasarnos, en eso coincidimos. ¿En qué estábamos? La chiquita, vos chiquita, me querías sacar la estufa, ¡conmigo no te metas! No. Hablaban de la familia, era horrible, yo que no tuve…
Daniel Zans. Ya pasa, Solange, es un momento, nada más. Te acompaño.
Guillermina Puentes. ¿Va a acordarse de que quedamos en que me convidaba la estufa?
Solange Dorado. Chiquita no, ¿eh? La cortás con la estufa.
Guillermina Puentes. La tenés que compartir, es para todas.
Solange Dorado. Tranquilizame a tu hermana, Avilda.
Avilda Puentes. Me parece bien lo que dice. Es la estufa del Sector.
Edgarto Monapetuchi. (A público.) Si entendieran lo que yo, se volverían locos, se arrancarían pelos y circuitos y no podrían tolerar vivir un día más en esta oficina. Pero no entienden, y mañana, cuando me toque dispensar, yo tampoco entenderé. Ha sido un gusto, espero que hayan disfrutado.
Solange Dorado. Vamos, Edgarto, no puede ser que siempre le esté pasando algo, no doy más con sus delirios.
Edgarto Monapetuchi. Buenas noches.
Eclodoro Muñoz. ¿Podrían devolvernos las cebollas?
F. Fonsi. ¿Vos sos ciego?
Eclodoro Muñoz. ¿Qué?
F. Fonsi. ¿No escuchaste?
Eclodoro Muñoz. ¿Lo qué?
F. Fonsi. El loquito, se preparó un tuco con el morrón y nuestras cebollas y ahora anda bocinando que no sé qué.
Eclodoro Muñoz. Que nos preparen una vianda por lo menos, nos vamos a morir de hambre.
Edgarto Monapetuchi. Sefiní.
