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Enejeías Enej, apareciéndose y desapareciéndose con la técnica del relámpago aprendida de Escai, enloquece, quiere matarlos. Viaja en el tiempo al pasado para salvar a alguien que si muriese el mundo del futuro desaparecería. Noharto quiere ponerle el aparato a Rojo, pero Enej, muy tranquilo, se lo saca y se lo pone a Yasiré revelando su plan.


Luego de un lapsus conversacional donde no recuerdo, Noharto se va saltando en una pata para no tocar la arena, llegan a un bar.

En unas galerías se sucede el apocalipsis, a lo mejor la peste, eso es lo que militamos. Un escorpión militar que me agarra a mí y al resto del grupo para un chuceo, una corroboración, le pide el revolver a alguien por lo que para mí era obvio que lo iba a matar, entonces me pongo detrás de él. Efectivamente lo mata entonces lo mato, pero sigue parado. Mi otro compañero también le dispara y tampoco cae entonces pensamos que en cualquier momento nos va a matar y nos damos cuenta de que está como congelado. Salimos corriendo desde el patio de baldosas de Maldonado[1] hasta el zaguán donde hay un timbre que te lleva a un posicionamiento anterior. Entonces digo: «imagínense lo gracioso que sería tocar el botón y aparecer del lado de la paloma».


[1] Casa que compró el joyero, Alfonso Pizza, tío abuelo de mi abuela. Ahí vivió casi toda persona perteneciente a mi familia materna. Era una casa vieja de muchos cuartos, llegaron a vivir familias enteras en un dormitorio, seis hermanos, los padres, una abuela. Cosas así. También adoptaban niños del INAU. Vivía mucha gente. Yo viví ahí en la Crisis de los 2000, para ese entonces solo quedaba mi abuela.

Una gran estafa acontece en el patio grande de Maldonado y un hombre gordo, de galera, seguramente el Padre Ignacio, comunica lo que pasó por megáfono. Nadie entendía lo que había pasado pero este hombre me hacía pelear con el Príncipe para poder hacer eso que él quería. Derroto al Príncipe y después a él, pero aun así nadie entiende como procesar lo ocurrido para poder explicarlo y que el culpable vaya preso como tenía que ser. Había muerto el tío abuelo de mi madre, estaba tirado en el piso sobre su sangre y antes le habían dado una carta. El patio damero era un escándalo, había muchísimas palomas, mucha violencia y escapatorias de acá para allá.

© 2026 Esétera de Agustín Luque.

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