Los vegetales en tu heladera están vivos?
- Estravinski

- 2 nov 2021
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 7 jun 2023

Capaz que yo soy la que está mal y esta data la tiene en cuenta todo el mundo, pero me acuerdo que cuando tenía como diecisiete, fumamos porro con una amiga y estábamos cocinando un revuelto de vegetales y la ví todita, estaban vivos y yo los estaba cortando, mutilando, desollando, hirviendo, vivos. Pero ¿qué significa que estén vivos? ¿Su consumición recae también sobre una cuestión ética? ¿Sienten? ¿Próximamente habrá gente que, intentando no atentar contra ningún tipo de vida, desarrolle una técnica para alimentarse del prana? Vamos a ver…
De cómo cuaja la definición de vida en tu mandarina
Si vamos a Google, la vida se nos define como: «Propiedad o cualidad esencial de los animales y las plantas, por la cual evolucionan, se adaptan al medio, se desarrollan y se reproducen.» Obviando que esta definición elude la vida de otros reinos, podríamos asumir que la fruta para estar viva debería estar siguiendo alguna de las características anteladas. Y sí, la fruta se adapta al medio. La Current Biology ―revista de la Universidad de Rice― a modo de recomendación de ‘cuando es mejor cocinar tu zapallito’ avisa que la góndola del supermercado los limones por ejemplo responden a la luz. Y quiero decir, no por nada la cebolla hace llorar, los vegetales ―frutas y verduras para doomies― varían su fisiología como mecanismo de defensa.
¿Pero sienten dolor?
Empezamos con la ética y te pido que si estás en una caja de quejas no vaciles, que osciles un centímetro en la duda y nos abramos a la filosofía para expandir el campo de la sugerencia de la Current Biology de extraerle a la mandarina lo mejor de sus nutrientes. En algún momento, decir que la humedad de la pared estaba viva: casi que erigía; cuestionarse la sensibilidad de una vaca: inédito hasta la modernidad, al menos de manera popular y efusiva. Esta caída de la venda que sigue pasando a medida que lo humano se distancia de la naturaleza, que la vuelve objeto para después sorprenderse de su vida (más sobre esto en pág. Tal ―sis. Funerario―), es algo que no puede sorprendernos. Mientras que las civilizaciones que viven en simbiosis absoluta con la naturaleza transitan sus procesos alimenticios libres de culpas, sabiéndose parte del ecosistema, nosotras, industrializadas y escindidas, sufrimos no solo por el sentir de la especie ingerida, sino por comprender el mal que la explotación productiva y reproductiva de las mismas le hace al planeta.
Si bien se dice que las plantas no sienten dolor físico en sí por no contar con un sistema nervioso central, tienen sí, un mecanismo del dolor químico, reaccionan ante impulsos agresivos o posibles amenazas. Incluso, frente al estrés, a la falta de riego o ―directamente― al ser arrancadas, emiten ultra sonidos o aromas. Artículos como Nervous system-like signaling in plant defens publicado en la Science ―competencia directa de Esétera― discurren sobre un sistema de señales sistémico que se parece al ejercido por el cerebro animal, que, aunque sería una trasmisión del dolor ‘más lenta’ la planta comparte la señal de alerta con el resto del organismo y ―según estos científicos― cumpliría la misma función.
Ahora, imaginar a una planta chillando como una mandrágora de Harry Potter no es algo motivador a la hora de comerse un tomate. Sobre todo cuando en los extremos, experimentos como los descriptos en el libro de Tompkins y Bird, The secret life of plants sugieren que ante un examen de polígrafo en la hoja de una dracena, ésta, reacciona ante el mero pensamiento de que se la incinere. Realmente la cantidad de artículos científicos es infinita, actualmente se sabe que las plantas reaccionan a la luz, al agua, a la gravedad, a la temperatura, al aceite, a la estructura, a los nutrientes, las toxinas, los microbios, los herbívoros, químicos de otras plantas, esé.
Este articulo ―quizá― divulgativo, no intenta apelar a la ética de manducarse una planta, sino que cuestionar el animal-centrismo o el humano-centrismo de la cuestión. Stefano Mancuso, botánico italiano, profesor de neurobiología plantae en la Universidad de Florencia, pone en juego el concepto de la ‘fetichización de la neurona’, alegando que nuestra subestimación a las plantas se debe en parte a la cultura de la ciencia ficción y a que, porque se mueven lento, no nos permitimos apreciarlas. Cosa que me hace acordar a muchas personas vegetarianas que justifican su ingesta de pescado diciendo que éstos no tienen memoria a corto plazo.
¿Problemática ética y conclusiones?
De las plantas mucho se sabe y por ende muy poco. En mi opinión ―seguramente descabellada o controversial― tener una planta en una maseta es bien parecido a tener un perro y ambos casos en algo se relacionan con la supremacía humana. Pero para no ahondar en polémicas que al mundo no importan, me gustaría invitarte a filosofar sobre las posibilidades. La Ciencia dice mucho y dice tarde, pero no va a importar si en 2040 sale un movimiento algae que diga que lo mejor es comer bacterias. Estamos lejos de la vida, todo el aparato artificial es antes que nada, sí, vida, pero asimismo, la escisión que gira en torno a la producción moderna y a las modas, nada tiene que ver con ética o sustentabilidad, sino con determinar cuál es el ser vivo que mejor nos sentimos explotando y no con que estamos explotando en sí.
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