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Preconcepto de amor romántico / 22 de junio, 11:19

  • Foto del escritor: Merwina Londés
    Merwina Londés
  • 27 ene 2024
  • 1 Min. de lectura

A la espera de dar un examen en el IAVA me encuentro con Maribel, mi amor de la infancia, en uno de los patios. Nos abrazamos, hablamos un poco, y lamentablemente se va, estaba apurada.

En la bedelía —que estaba en la entrada y no dónde va la bedelía— diviso a Britania, debía estar haciendo la fila para inscribirse y decido acercarme con la excusa de que atendí al lugar con la misma misión. Cuando ve por dónde va la mano se quiere ir. Luego de insistirle varias veces con que va a perder su turno, argumentando con lo difícil que es conseguir cupo en un centro educativo tan prestigioso como este, vuelve a la fila. Me pongo detrás de ella y le digo: «escúchame, me gustás», se da vuelta y me pregunta si mi acuerdo de que hace años dejó al novio para estar conmigo y yo la dejé porque me gustaba Maribel.


Le pido disculpas, admito que tiene razón. Le digo al oído que ahora cada vez que pienso en alguien para tener algo serio es la única que se me cruza por la cabeza. Que sólo alguien inteligente, linda, y divertida, como ella, es en quien puedo pensar para llevar adelante un amorío. Entonces veo que se le escapa una sonrisa y le doy un beso al lado de la boca. «Además tenés esa sonrisa tan linda». Y nos besamos. Y se ríe. Y me río.

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