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Dos tipos de caída en balneario. Al doblar la esquina la Chica Pañuelo me da un folleto y canta Fireworks de Katy Perry jodiéndome mientras camino como si ella fuera alguna clase de caniche antropomorfizado. Llegamos hasta las dunas cruzando el senderito de asfaltado por el que pasan los autos a todo lo que dele levantando la arena. Desde arriba miramos una cancha de vóley a la orilla del mar, la arena seca, las líneas. Hay huellas de tejo. Me doy cuenta de que me va a tirar y la agarro para que caiga conmigo. Rodamos riéndonos. Jugando están Escai y Maribel, hablamos hasta que me trepo a la red, me molestan con ella, con cómo caímos.


Acompaño a Maribel a su casa para llevar unas botellas de champagne, lo hago con la esperanza de que me quiera, o de que me dé un beso. De camino me cruzo con una gata negra y me maúlla. Al entrar a la casa de mis tíos en San Francisco hay cinco gatos negros más. Saludo a su padre, un hombre pelado, y cuando me voy los gatos son perros chiquitos y el que está afuera me gruñe peligroso. Escapo por la puerta trasera encontrándome con un tipo de peinado alto junto a la manguera, lo confundo con Cielo, me dice que no es fin de año.

Me aisló en la casa de papá y Rosa me entrena. Recibo muchos poderes y me doy cuenta de que en la escuela otras personas también tienen poderes, pero yo tengo varios poderes más así que en una noche tras caerme al lago y quedar en vergüenza, mi amigo me aconseja que le diga a Rosa de la totalidad de mis poderes para así eso no se repita.


Yo iba por las calles que circundan la casa de papá, más específicamente por la esquina de Cádiz una cuadra para abajo, por donde estaba el video club y la automotora. No recuerdo cuales eran los poderes, pero creo que me representaba a mí mismo como Rojo[1]. Rosa, según recuerdo, era su madre, que después también sería la madre de Teo[2]. Por esto es posible que, al ser Rojo, el poder pudiera tener algo que ver con la fuerza para agrupar.


Me acuerdo las escenas de la escuela como chispazos, no puedo determinar qué escuela era o si era una escuela, pero me animo a decir que en esta oportunidad no trataba de Wara, ni del 5, ni del Zorrilla. Me acuerdo otro momento en el que yo estaba volando cerca de la banderola de mi cuarto.


[1] El muñeco.

[2] El personaje de La Puerta Azul (mi primera novela).

Escapamos de los cangrejos colorados y los escorpiones. No les gusta que protestemos con nuestros carteles de Apocalipsis. Compañeros de escuela, artistas, interesados, nos habíamos juntado en el campus del Colegio Hiedra.


Vamos por las cuevas más subterráneas de la ciudad, accedimos pasando por un bar regido por la clandestinidad, nos abrió un cuadro uno de los mozos. Todo lo que sucedía en las cuevas eludía una circunstancia de la superficie, quiero decir, seguíamos huyendo porque, aunque fuera posible que no pudieran encontrarnos el miedo era tan grande que nos empujaba a seguir huyendo, más y más, como si estuviéramos cavando un pozo. Cuando digo pasábamos me refiero a eso que puede denominarse de grupo, éste, integrado por al menos siete compañeros del Astral[1] se iba fragmentando hasta que quedábamos solo con Escai (interpretado por Martín Echenique), y luego esta muchacha con el pelo decolorado y yo.


Nos encontramos a orillas de un mar de agua roja, ácida o tóxica, posiblemente contaminada, con esta muchacha. Ambos tenemos el propósito de cruzar el lago, seguimos sintiendo el apuro o el aprieto y vemos el cruce como una salvación. Se puede ver en el otro extremo del lago una especie de mansión o de edificación tamañosa entre gótica y futurista, detrás de un bosque quemado que termina en unas rejas altas y oscuras. Ahí relampaguea. Hay exterior.

La superficie iluminada por los relámpagos deja ver un esqueleto saliendo del agua a escasos metros de un lagarto negruzco que debió de darle a ella la idea de que podía meter la mano en el agua sin que se le desintegrara la piel.


[1] Además de ser un teatro montevideano, el Astral quedaba debajo de mi escuela (Wara). Por eso mismo, las muestras de fin de año se hacían ahí y a los niños nos daba mucha curiosidad tanto el teatro con sus camerinos como un cuarto piso que estaba prohibido que le servía al teatro de taller y de depósito.

© 2026 Esétera de Agustín Luque.

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